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sábado, 16 de marzo de 2024

Tengo a Monet ante los ojos.

 

Cuando el viento sopla, las hojas destellan como los cristales de los llamadores de ángeles.

Pareciera que saludaran al viento con ese vaivén y nos recordaran el ruido de la lluvia, confundiendo  su elemento... Tan poco le importa al viento que vuelve a pasar, una y otra vez, tal vez porque le gusta ese ruido o esa música.

Tengo a Monet ante los ojos.



domingo, 24 de abril de 2016

La Cárcel de los Titanes

La Sala de Tortura



Unas horas más tarde, cuando todo ese episodio había concluido, abrió los ojos. El demonio se encontraba a su lado, inmutable en sus pensamientos, nunca se había movido de su sitio. Solo esperaba que no se convirtiera en su torturador personal, haciéndole sentir aquellos vagos sentimientos de inestabilidad y dolor que se producía cada vez que tocaba su cuerpo.

Se hizo un ovillo en el duro suelo de la celda, ignorando las menciones del demonio que zumbaban en su cabeza. Suspiró lentamente, esperando que no se volviera una costumbre tenerlo a sus espaldas, viéndola con esos ojos felinos y brillantes. Todas esas voces que hablaban en un lenguaje incomprensible a través del demonio hacían que la sangre en su cabeza martilleara fuertemente provocándole dolor e irritación, además del escalofriante sentimiento de ultratumba. Era como si estuviese intentando revivir al muerto que a veces tanto pánico y desesperación le daba.

- Aouksha oppurus simphonella. -un gruñido animal hizo que la chica cerrara fuertemente los ojos y se abrazara con ansiedad y terror- Sol sotreum is nalbah. Sol sotreum is nalbah. Sol sotreum is nalbah. Sol sotreum is nalbah

Los muertos sí hablan.

La chica no comprendió las palabras hasta que luego de un rato casi interminable pudo captar el significado. Abrió los ojos con las pupilas dilatadas mucho más de lo usual, su ritmo cardíaco comenzó a acelerarse de manera irregular y su respiración se volvió anormal. Miró sobre su hombro al demonio que repetía sin cesar la frase. Un sollozo se le atragantó en la garganta, haciéndole un nudo en esta. Esa cosa estaba diciendo que los muertos sí podían hablar con una voz totalmente escalofriante. Derramó un par de lágrimas silenciosas mientras le observaba en su diabólico transe.

- El miedo humano es nuestro alimento, teme muchacha, teme y nunca más me iré de tu lado. -una carcajada espeluznante hizo eco en toda la celda. La chica no pudo más que cerrar los ojos deseando que el bicho desapareciera de su lado, y cuando un silencio sepulcral se instaló en el lugar, Ginna volvió a mirar. Ya no había nada.

Suspiró sintiendo un gran alivio que aflojaba sus extremidades totalmente entumecidas por la tensión que había sufrido durante tanto tiempo. Era simplemente inimaginable que algo así se le apareciera solamente a ella, temía que realmente se hubiese vuelto loca por completo en aquella oscuridad que reinaba implacable. Se sumió en un sueño profundo de un momento al otro que no supo determinar, volviendo a ese vacío que hacía que recuperara la cordura y descansara del manicomio en el que estaba viviendo.

Todo seguía siendo oscuridad para ella, frío, humedad y mugre. Sus sueños inconscientes tampoco le brindaban un escape a esa cruel realidad que deseaba evitar a toda costa, de hecho, le recordaban dónde se encontraba y qué cosas podría pasarle. Dio varias vueltas mientras fruncía el ceño y refunfuñaba por sus visiones amenazadoras del demonio, cánticos nauseabundos sonaban en sus oídos y le hacían enloquecer. Solo cerraba los ojos para seguir viendo a sus atormentadores una y otra vez en diferentes escenas que deseaba fervientemente olvidar. Estaba completamente sudada y temblaba violentamente por el contacto con las piedras heladas. La fina tela que poseía se pegaba a su cuerpo consumido por el hambre.

El ruido metálico del plato de chapa contra el suelo la sobresaltó. Se levantó rápidamente y buscó con la mirada de dónde provenía ese ruido, hasta que captó la visión de su alimento diario y se lanzó a por él con desesperación. Su estómago le reclamaba algo para saciarse al menos en una pequeña medida, pero lo mínimo para no morir. Su desnutrición estaba bastante avanzada, había perdido al menos cinco kilos, pero ella no podía notarlo. No sabía cómo se veía, ni cuán sucia podía estar. Ella solo podía intentar no enloquecer.

Ya no le importaba qué clase de alimento estaba ingiriendo, bebió con avidez la sopa, clamando su sed abrasadora. Ahora tenía un poco de alivio no solo en la garganta que le había estado pidiendo a gritos algún tipo de líquido, sino que también su estómago parecía sentirse algo más a gusto. Comió un poco de pan, dejando una pequeña mitad guardada en su mano para después. Había decidido que necesitaba racionar la comida, había sido un error tomarse todo el caldo de verdura de un tirón, pero no había podido evitarlo con aquella sensación que la había invadido al despertar estrepitosamente.

Se quedó mirando unos momentos de manera ausente el cuerpo en putrefacción que seguía ambientando el lugar con un olor repugnante, ya estaba en las últimas fases de la descomposición, lo quela chica no sabía era si había ratas por ahí y se lo estaban comiendo. Oraba a los dioses que así fuera, así no tendría que soportarlo por mucho tiempo más. A veces, por esas extrañas jugarretas de la visión, notaba que el cuerpo se se movía, un movimiento mínimo, pero existente que le sacaba de quicio a toda costa y le hacía morir de los nervios.

- No se está moviendo -dijo el demonio de un momento a otro, con esa peculiar y espantosa voz.

- ¡Aléjate! -espetó la muchacha- Deja de visitarme ¿No eres acaso una creación mía? ¡Te ordeno que te vayas!

- ¡Muchacha tonta! Yo no soy ninguna imaginación tuya. Yo soy real. Yo vivo aquí, yo vivo de tu miedo -repitió como antes. Volvió a dedicarle una sonrisa, su apestoso aliento hizo que contuviera la respiración para no vomitar lo que había comido hacía no menos de veinte minutos.

- ¿Tú estabas poseyendo al guardia?

- No, eso fue por su cuenta, algo bastante interesante de ver.

-Oh -miró el suelo, había deseado que sí lo hubiese controlado para realmente creer que el ser humano de por sí no podía ser tan cruel como lo aparentaba. Pero se había equivocado, la gente sí era así de despiadada y aprovechada cuando le convenía y tenía la posibilidad.

- No te desilusiones, muchas de las cosas que hacen los humanos son por cuenta propia, nosotros a veces solo creamos las oportunidades perfectas con tentaciones de todo tipo -se encogió de hombros- Es nuestro trabajo. De algo tenemos que vivir.

- Ojalá no existieras.

- Entonces los humanos ya no tendrían a quién evocar para culpar de sus malas acciones. Nos utilizamos mutuamente, es justo. -se acercó levitando a la muchacha que estaba en un rincón observando los ojos brillantes, cada vez que podía, por más horror que le infundiera, miraba desesperadamente esos orbes para poder admirar su luz. Una luz que era intermitente por el parpadeo del ser, la única luz que veía desde su llegada.

- No me has dicho tu nombre.

- Y no necesitas a saberlo, a menos que quieras invocarme.

- Tal vez… tal vez… te necesite para algo. Para… para ayudarme.

- ¿Ayudarte? -su risa burlona se elevó y resonó, muy fuerte y clara. Y muy escalofriante. Los bellos del brazo de la chica se erizaron con rapidez de una manera dolorosa.- Tienes unas extrañas ideas. ¿Por qué debería ayudarte? ¡No tienes ninguna posibilidad! -y volvió a reír con gusto.

- Solo quiero… saberlo.

- Xilión, hijo de Nisroch y Paxhet. Señores del dolor y la locura. Por eso puedes experimentar esas dos sensaciones cada vez que te toco.

La muchacha le miró impactada, esos nombres no le sonaban en absoluto pero cada uno de ellos se le quedó grabado a fuego en la memoria. El demonio observó su expresión unos momentos, a sabiendas de que debía digerir las cosas que le había dicho, por ello decidió que se iría. La visitaría en algún otro momento donde poder seguir divirtiéndose con ella. Hizo una pequeña reverencia y se despareció sin dejar rastro alguno tras de sí.

Mientras tanto Ginna se recostó en el suelo apretando fuertemente el trozo de pan que tenía en la mano y miró el techo cubierto por telarañas que ella no podía percibir. ¿Sería algo beneficioso convocarlo? ¿Realmente podía necesitarlo? ¿Era cierto que ya no tenía ninguna oportunidad de abandonar el monasterio y volver a vivir una vida libre y llena de dicha? Suspiró y cerró los ojos, sumiéndose en su fantasía personal, trasportándose al campo de lavanda para que el sol hiciera que su mundo fuera un poco menos triste y solitario. Ella seguía convencida que lo que veía era una mera ilusión creada por sí misma para poder hablar, pero esas sensaciones que percibía al entrar en contacto con sus garras eran muy reales como para ser solo una ficción realizada artificialmente por su atrofiado cerebro.

Volvió a dormirse, pero por unos escasos minutos que no contaron para nada. A penas había pasado un corto lapsus de tiempo cuando la puerta se abrió de golpe y dos guardias escrutaban el lugar con una mirada totalmente insana. Se adentraron y la tomaron por los brazos con ligereza, era tan liviana que parecía una muñeca de trapo.

- ¡Niña, cómo apestas!

- Mira, las ratas aún no se acaban a ese -soltó uno riendo entre dientes mientras señalaba el cuerpo de una esquina.

- Pensé que para ahora ya no quedarían más que huesos.

- Ay que ver, tal vez se haya muerto otro de por aquí y estén entretenidas.

Comenzaron a caminar mientras charlaban, a Ginna lamentablemente se le había caído el pan de la mano por el pasillo, perdiéndose para siempre el necesitado bocado. La arrastraron como una vez habían hecho, ella no tenía la suficiente fuerza ni decisión como para caminar por su cuenta a la velocidad que ellos iban. Miraba pasar las piedras irregulares del suelo con indiferencia, no sabía qué iba a pasar. No hasta que llegaron a una habitación con extraños artefactos que lo único que causaron en la morena era escalofríos y terror. Una angustia creciente en el pecho hizo que el tan conocido nudo en la garganta apareciera, su estómago se revolvió con ferocidad. Era una sala de tortura.

Una dama de hierro por ahí, un complicado mecanismo para estirar a la personas por allá, mesas con cuerdas, un péndulo. Todo parecía sacado de un cuento de terror, uno que se remontaban a épocas medievales. Le pareció imposible que tales cosas estuviesen ahí. Una luz apagada iluminaba todo. Las instalaciones estaban sucias de sangre que no se habían molestado limpiar, incluso aún había un cuerpo que goteaba sangre desde las alturas. Estaba colgado en dos ganchos que perforaban su tórax de una manera muy grotesca, sus ojos estaban en blanco. La muchacha no hizo más que cerrar los ojos con fuerza, no quería mirar más, no quería sentir, no quería nada de eso. La sentaron en una silla y ataron sus manos con correas, así como sus pies y su cuello.

Apretó los labios y tragó saliva con dificultad, mirando a todas direcciones, tratando de descifrar qué harían con ella. No prestaba atención a la cháchara distraída de los guardias que preparaban su tortura como si fuese mera rutina. Había capado un charco de sangre muy cerca de ella sin motivo aparente, pero en cuanto volvió a levantar la mirada se dio cuenta que era de una mujer muy vieja. Estaba dentro de una jaula con enormes espinas dentro de ella, aún vivía por su lenta y acompasada respiración, pero no parecía que le quedase mucho tiempo en ese doloroso mundo. La chica deseó con todas sus fuerzas que muriera para no seguir en ese estado, leves gemidos lastimeros se escucharon unos momentos.

- ¡Cállate, vieja inmunda!

- Déjala, está en sus últimas -comentó con tono burlón el guardia de cabello moreno mientras miraba a la señora.

- Es que ya no tienen fuerzas para nada más que para quejarse, son irritantes -protestó amarrando un artefacto a la mano derecha de la chica. Ella miró con frenética desesperación y comenzó a moverse desenfrenadamente.

- ¡Quieta, coño!

- ¡SUELTENMÉ, BÁRBAROS! ¡MALDITOS CERDOS!

- Si no te quedas quieta te irá peor de lo pensado, maldita inhumana.

- ¡Ustedes, ustedes son los monstruos que hacen este tipo de cosas para su diversión! ¡Yo no tengo que estar en esta prisión, ustedes deberían ocupar mi lugar! -los gritos desgarradores de la chica con un trasfondo de llanto hicieron mella en los guardas. Uno de ellos le dio una bofetada que le dejó una marca roja en la mejilla. Le ardió como nunca.

- Y nosotros que pensábamos dejarte ir con lo mínimo. Ahora parece ser que tu castigo aumentó considerablemente.

Al instante y con un movimiento de la cabeza, el guardia le indicó al otro que pusiera en funcionamiento la máquina. Era un aparatejo que iba en la mano, un dedo colocado dentro de un dispositivo con una palanca que al bajarla, quitaba la uña en su totalidad. Ginna abrió los ojos desmesuradamente y antes de que pudiera realmente hacer nada su uña ya no estaba donde pertenecía. Gritó, un alarido de dolor inundó la habitación. Las lágrimas corrían descontroladamente por sus mejillas, apretó los ojos, los dedos de la mano libre y los de los pies. Se quedó tiesa, aguantando el dolor punzante de su dedo sin uña, un escalofrío general se hacía presente en absolutamente todo su cuerpo. Inmediatamente prosiguieron a quitarle la uña contigua y así, hasta que obtuvieron tres uñas.

- ¡Qué quieren, por el amor de dios... y todo lo que es justo! ¡No sigan, díganme que quieren, haré lo que quieran, no sigan! -exclamó en un grito agudo de desesperación, esperando clemencia. Ya no lo soportaba más, estaba al borde del colapso. Su cuerpo entero temblaba y un charco de sangre se había juntado a sus pies, cada centímetro de su cuerpo, cada nervio gritaba a los cuatro vientos la agonía padecida. Su rostro mostraba súplica, buscando algo de humanidad en los ojos de alguno de los dos guardias.- Se los ruego, por favor. Les diré lo que quieran saber, haré lo que deseen pero no… no continúen.

Miró el suelo, así podría enfocar lo que tenía a sus pies. Era una especie de mano alargada, huesuda, completamente negra. Sus ojos no se adaptaban a la luminosidad penosa del lugar, así que tardó en darse cuenta que lo que contemplaba era otro ser extraño. Sus ojos volvieron a mostrar horror al notar que esa mano juntaba la sangre y la llevaba a una boca vertical. Una abertura totalmente anómala, que no poseía ninguna criatura existente que ella hubiese contemplado en un pasado. El bicho era de un tamaño enorme. Su cuerpo era huesudo, se notaba cada vértebra de la columna así como las protuberancias de la cadera. Tenía extremidades largas y flacuchas, aparentaba no tener ojos ni nariz. Y esa boca tampoco parecía presentar ninguna clase de dientes, únicamente una lengua enrollada que se extendía para tomar el fluido de su mano. Su piel era negra, lisa, de un aspecto resbaladizo y aterciopelado.

Gritó tanto como sus pulmones le permitieron, perdiendo los estribos y sacudiéndose en sus ataduras que comenzaban a dejarle marcas en la piel. Los guardas se asustaron al ver tal reacción de la nada, porque no habían hecho un solo movimiento, habían pasado tan solo segundos desde el descubrimiento de la criatura frente a ella. Cerró los ojos, gruñendo y negando con la cabeza con dificultad, la adrenalina se abría paso por sus venas como una toxina revitalizante. Tembló como una rata a acorralada.

¡Humana, no hagas tanto escándalo!

En su mente resonaron unas palabras provenientes de una voz ajena a ella, suave y llamativa. Muy distinta a la de Xilión, no causaba escalofríos, era mucho más atrayente. Miró en todas direcciones hasta que se encontró con la criatura con su rostro vuelto hacia ella, pudo notar que tenía dos orificios a los lados de la cabeza, seguramente hubiese escuchado todo el escándalo.

Yo no lastimo, yo simplemente me alimento de la sangre que me proporcionan.

- Qué... qué cosa eres por el amor de Jesucristo -masculló casi tartamudeando.

Soy a lo que suelen llamar un vampiro, una sanguijuela, un parásito.

Los guardias se miraron entre ellos, porque en aquella habitación no había nada con lo que la muchacha pudiera realmente comunicarse. Uno negó con la cabeza, dando la negativa.

- Se ha vuelto loca del todo demasiado rápido, pensé que aguantaría por lo menos tres meses.

- Realmente pensé que nos serviría de algo -se encogió de hombros el moreno, un poco frustrado.

- Ponla en ese -señaló una camilla de madera apartada y se fue sin mirar atrás.

Pobre muchacha, tú no eres un titán. Tampoco tienes un corazón oscuro. Cómo puede ser que te hayan metido en un lugar como este, eres una más de las víctimas de la desesperación del gobierno.
- Ayúdame, por favor -sollozó derramando las pocas lágrimas que aún conservaba. Su estado era totalmente patético.

El bicho negó con la cabeza, parecía triste. El guardia ignoró a la chica, pensando que ese pedido de auxilio era para él, la desmontó de la silla y la llevó arrastrándola del pelo hasta una mesa de madera donde la ató con facilidad y soltura. Parecía estar acostumbrado a hacer ese tipo de cosas, su rostro era inescrutable. Donde Ginna apoyaba la cabeza estaba completamente frío y mojado, al segundo se dio cuenta porqué. Una gota perfecta caía, chocaba contra su frente. La típica tortura psicológica de la gota de agua. Apretó los dientes y los rechinó, moviendo su cuerpo simplemente para darse cuenta que no podía desatarse de ninguna forma. El guardia luego de asegurar las correas le dio unas palmadas en la pierna más próxima.

- Te estaremos visitando en un par de días, bonita -y se marchó, dejándola sola con la criatura.

Lamentablemente no puedo hacer nada, no puedo tomar acción más que fuera de estas paredes, pero es un lugar ideal para alimentarse.
- Por dios, dios. Haz que esto termine, por favor -murmuró a la nada con desesperación y casi sin aliento. La gota se repetía, continua, pausada y muy irritante. No sabía qué le molestaba más, el ritmo de la gota o el sobresalto que le provocaba al estallar contra su frente mugrienta.

Si quieres puedo platicar contigo para que se haga más ameno.

- No, no se hará más ameno. No te acerques, no me hables. Eres una atrocidad, no deberías existir. Tienes que ser fruto de mi pensamiento desesperado y atrofiado -soltó con irritación.

De acuerdo, siento haberte molestado.

La voz de la criatura se había notado dolida. La chica pudo escuchar el crujido de sus huesos mientras se movía por la habitación, miró hacia las esquinas del techo y pudo verlo. Esa asquerosa bestia la escrutaba desde las alturas, sin ojos, totalmente ciega pero con un olfato y un oído desconocidos para Ginna.

Las horas pasaban, ella no podía conciliar el sueño y las pensamientos no se formaban con convicción en su mente. Esa estúpida gota la sacaba totalmente de quicio hasta que en un momento comenzó a contar los segundos que tomaba para caer sobre su frente. A veces eran siete, a veces ocho, pero ella quería llegar a una cifra concreta, no a aproximaciones. Se pasó con esa pequeña meta una tres horas, donde luego comenzó a mascullar y mover la cabeza hacia los lados. Le dolía el sitio donde la gota había caído incesantemente sin ningún tipo de obstáculo. Su respiración era violenta, se movió con furia, gritó, insultó. Las risas de Xilión se escuchaban por toda la sala de torturas, burlesca, satisfecha. ¡El mundo era una escoria! ¡Todos eran escoria! ¡Todos debían morir! Muchos pensamientos así se formaban esporádicamente por su cabeza, para luego ir transformándose.

Llegó un momento donde simplemente se dedicó a mirar el techo con gesto ausente, intentando no pensar en nada, ahora su mundo era la gota que regularmente caía sobre ella. El dolor de sus manos servía de distracción de vez en cuando, pero ya había perdido sentido de todo.

sábado, 8 de junio de 2013

Proyecto Japon

Tapé mi rostro con las manos, apretando fuerte en un intento de no echarla de malas maneras,  puesto que no sería para nada educado pero casualmente era la primera de todas mis opciones. Recapitulemos, mis padres me dejan solo en casa diciendo que se van seis meses a no sé donde, llega esta chica desconocida diciendo que me conoce desde pequeño. Además de ello y para colmo viene a cuidarme porque resulta que mis padres no estarán ausentes seis meses, sino que un año entero. Parecía un sueño y realmente desee que lo fuera por un momento. El mundo estaba jugando todas sus cartas contra mí, el karma me estaba devolviendo todo lo malo que había hecho, lo sabía. Sonreí como si hubiese descubierto una terrible verdad, la miré desafiante.
- Lo siento pero vas a tener que irte
- ¿Eh? ¿Estás hablando en serio? – se me quedo mirando como si le hablase en otro dialecto.
- La verdad es que si, no estoy preparado para cuidar de alguien como tú –me obligué a tomarla de la mano y arrastrarla hasta el hall de la casa, la verdad es que tenía bastante fuerza y su oposición fue un pequeño problema para mí.
- Tetsu-kun, no deberías resistirte tanto, no es tan terrible como parece, además… -se zafó de mi agarre y al menos tiempo la solté, estaba mirando el suelo, me intrigó bastante aquello.
- ¿Qué sucede?
- No tengo dónde quedarme –se le veía bastante triste, sus facciones denotaban que había hecho que recordara algo doloroso.- Mis padres… mis padres acaban de fallecer –un par de lágrimas descendieron por su mejilla. Oh rayos, su humor cambió tan repentinamente que me desconcertó del todo. ¿Se supone que debía dejar que se quedara, se supone que debería darme lástima, compasión?
La miré inexpresivo, todavía tenía un resabio de ansiedad en el cuerpo. Asentí levemente mientras ella se pasaba las manos por los ojos, aparentemente no quería que le viera en ese estado pero no podía importarme menos. Sonrió de medio lado como si no hubiese pasado nada ¡Sus emociones cambiaban tan rápido! Siempre tan antitéticas.
- Haz lo que quieras, pero no me molestes –me encogí de hombros y me encaminé hacia la escalera sin prestarle atención. Como ella ya sabía y no necesitaba explicar, yo era una persona centrada en su propio “yo”, lo que ocurriera a mi alrededor ya no me incumbía.
Estiré los brazos hacia arriba, para desperezarme mientras subía las escaleras.
- ¿A dónde vas? –me observó desde abajo pero antes de que pudiese contestarle nada agregó- Dentro de poco estará listo el desayuno
Fruncí un poco el ceño por el hecho de que se tomara tantas libertades pero yo debía recordar que ella había sido mi amiga de la infancia o algo así, así que técnicamente nos conocíamos desde hace mucho tiempo y podría tener las libertades que quisiera.  Cerré la puerta de mi habitación y pude apreciar el desorden.
Un desorden que afectó completamente mi comportamiento, como odiaba que las cosas no estuvieran en su lugar; la cama deshecha y los libros tirados por todas partes. Y todo era culpa de ese monstruo. Apreté los puños un momento hasta que los nudillos se pusieron blancos, en cuanto me di cuenta relajé mi cuerpo y me dispuse a volver todo a su sitio. Junté los libros y los catalogué por autor, no me llevó tanto tiempo como me imaginaba pues conocía perfectamente los autores que poseía en esta mini biblioteca. Luego de aquello, a pesar de que la utilizaría nuevamente, tendí la cama. El orden restablecido era aliviador de mis nervios, era una especie de terapia neurótica.
Tomé uno de los volúmenes de mi estantería, los libros estaban gastados por su uso, mas no maltratados que era lo que más me importaba. Era esencial para mí tener aquellos objetos tan preciados, aquellas obras maestras que me comprendían, había leído muchas historias sobre quienes perdían el conocimiento pero nunca me había sentido realmente identificado. Me recosté en la cama y me dediqué a pasar las hojas, a veces volvía a leer cosas que no entendía pero con el paso de los años uno comienza a deducir los significados de las palabras por el contexto y se terminan aprendiendo muchos términos nuevos.  Ese aspecto también me gustaba, había considerado muchas veces el hecho de sentarme y escribir mis propias historias para llevarme a otro mundo, un mundo propio, un mundo donde las reglas las hiciera yo, pero nunca me había animado, sentía que aún no contaba con las herramientas necesarias.
Al cabo de un Sonia-sempai entró como bala de cañón en mi cuarto; sin avisar, con mucho ruido y haciendo un destrozo. Si no mal recuerdo la puerta se abrió de golpe dando paso a una figura casi irreconocible junto con un grito de emoción –era sorprendente su capacidad para derivar en estados de ánimo totalmente contrarios. Mi corazón comenzó a latir muy rápido gracias al susto que medió, y como si fuera poco se dio el lujo de toparse con una de mis estanterías y haciendo que todos los libros, del primero al último cayeran en el suelo. Después de todo el tiempo que me había tomado acomodarlos, volvían a estar donde anteriormente se encontraban esta mañana. Fruncí el ceño, no podía ser más molesta ¿Cuánto había pasado, diez, quince minutos? ¿Veinte como mucho? Me senté en la cama observando el desastre.
- ¿No podrías ser un poco más normal y entrar como una persona civilizada?
- Auch, otra vez… -se lamentó como la niña inmadura que era y luego me miró con una sonrisa tan radiante como el sol- ¡Vamos a desayunar!
- No sé porqué te empeñas en estar alegre, si estás sufriendo tanto deberías demostrarlo como cualquier persona lo haría.
Su rostro se ensombreció por un momento, sabía que no quería hablar de ello y la forma más fácil de evadirlo fue, claro, lanzándome un libro a la cara. Lo esquivé apretando los dientes, ¿No tenía absolutamente ninguna idea sobre el respeto de los espacios y los objetos personales? Además ¿Tanta manía le tenía a mis libros?
- No seas tonto, vamos a desayunar!
- ¿Qué? –se puso de pie como un rayo y cuando me di cuenta ya me estaba arrastrando escaleras abajo, y me estaba tomando de la mano, osea, me estaba tocando ¡Dios santo! - ¡Suéltame, puedo caminar solo!
- Malhumorado –rió y siguió con todo su show sin sentido.- ¡Hice sopa de miso!
- Como si fuese algo tan nuevo…-bufé. Esta mujer se creía que nunca había probado tal cosa como la sopa de miso. ¿De qué mundo venía?
Cuando entré en la cocina sinceramente temía encontrarme con el destrozo de media casa, hasta me la imaginé saludando alegremente a los vecinos desde un espectacular hueco en la pared, por suerte todo estaba en orden. Nos sentamos a la mesa, debo reconocer que la cosa tenía buena pinta y en cuanto lo probé solo esperaba que no estuviese envenenado. En efecto, sabía muy bien y mis signos vitales eran normales así que no corría ningún tipo de riesgo. Afortunadamente desayunamos en silencio, la observé un momento, se veía concentrada en su comida y en a lo que se refiere con “concentración” es que ya llevaba comiendo su tercer plato cuando yo iba a la mitad del mío. Me reafirmé que no existía una persona así.
- ¡Oh Dios! Que llena estoy
- Pero si haz comido tres platos, te parece poco? –abrí mucho los ojos, mi tono era de reproche. Está bien, el desayuno era la comida más importante, pero también necesitaba poder moverse, para algo iba tener tanta energía… Y... Realmente no quería ni imaginarme el grado de hiperactividad que tendría durante el día si por las mañanas era así de alegre.
- Ay ya, siempre de mal humor Tetsukito
- ¡No me llames así! Además, es la primera vez que nos vemos después de más de diez años y me dices “siempre de mar humor” –la miré apretando los labios- ¿Qué te puedes acordar?
- De hecho me acuerdo de muchas cosas que hicimos juntos –sonrió, otra vez radiante. Suspiré levemente, me irritaba, me molestaba, quería volver a confinarme en mi habitación.
- Oh, por favor, no quiero oír historias viejas. –me hacía a la imagen mental de mi sempai como una abuela narrando sus épocas de juventud y comparándolas con el comportamiento actual de los jóvenes.- vas a parecer mucho más vieja
- Sube a tu cuarto, jovencito! –se paró y señaló las escaleras como si fuese mi madre, mi hermana mi tía o algo por el estilo. La miré escéptico un momento.
- Te haré caso simplemente para alejarme de ti lo más que pueda –me burlé para acto seguido ponerme de pie. Tomé todos los platos y los dejé en el fregadero antes de subir las escaleras rumbo a mi habitación.
Era una persona tan irritante que a la larga terminaría dándome dolores de cabeza. Cerré la puerta y, una vez más, acomodé meticulosamente el desastre que había dejado. Tendría que prohibirle esta habitación de por vida pero dudaba mucho que me hiciera caso después de las cosas que había hecho hasta ahora.
Me tumbé en la cama y miré el techo duramente un largo rato, aún debía llamar a mis padres para aclarar el asunto y deliberar si la echaba o no de la casa. De todas formas ya estaba oyendo a mi madre decir algún comentario sobre echarme novia o algo. Cerré los ojos, todas estas emociones en un tramo tan corto de tiempo me agotaban mentalmente. Era domingo así que no debía preocuparme por nada que fuese sobre ir al colegio o tal, ya mañana me tocaría lidiar con el mundo exterior y mis compañeros de clase. Poco a poco y casi sin darme cuenta, mis ojos se fueron cerrando para entrar en un mundo de inconsciencia no esperada pero aún y así aceptada de gran gusto.
Podría ser que hubiese estado un rato largo durmiendo, o tan solo un par de minutos, lo cierto era que me había venido de maravilla porque las tensiones que sentía se habían desvanecido y volvía a estar tan relajado como lo había estado antes de despertar esa mañana. Abrí los ojos, tenía la ventana frente a mi así que el color del cielo que era naranja me indicaba que era de tarde y que se avecinaba la noche. ¡Había dormido mucho! Sonreí para mis adentros, me quedé en silencio escuchando pero todo era calmo ¿Se habría ido? No lo sabía, pero encontré mi respuesta justo a mi lado, muy plácida e impune a todo castigo divino.
Los colores abordaron mi rostro como si siempre hubieran estado ahí, los nervios se apoderaron de mi y lo único que pude hacer fue gritar ¡Cómo se atrevía a costarse conmigo, en la misma cama!

martes, 4 de junio de 2013

Proyecto Japón: Sin título

Así continúa
 
- ¿QUÉ? –grité mientras la veía saltar en mi cama. A esa chica había que cuidarla, dudaba de sus capacidades siquiera para no… Un ruido estruendoso resonó en las paredes de la casa.
- Ay, ay, ay
De acuerdo, ahora comenzaba a creer más fervientemente que ella estaba completamente loca. Mientras saltaba había perdido el equilibrio al parecer y se había golpeado la cabeza con la pared. Me quedé inmóvil en mi lugar, cavilando si esa era la mejor oportunidad para huir de ella. En cuanto vi que ya no estaba concentrada en mí sino que seguía lamentándose su estupidez, salí corriendo de la habitación escaleras abajo y directamente a tomar el teléfono para en grito desesperado pedir a mis padres que no me abandonaran con una lunática en mi casa.
- ¡Tetsu! ¡Dónde fuiste!
- ¡No me llames Tetsu! No te conozco, entrometida –mascullé mientras marcaba el celular de mis padres para pedir una explicación, pero lo único que escuché del otro lado de la línea fue el mensaje del contestador.
- ¡Tetsu!
Giré mi rostro para verla llegar corriendo escaleras abajo y deseando que no se tropezara, sino sería el encargado de llevarla directamente al hospital. Comenzaba a sospechar que si no me sacaba de encima a esa muchacha sería más una carga que otra cosa. Inspiré suficiente aire como para hiperventilar mientras sentía  los nervios  a flor de piel. No habían pasado ni veinte minutos y ya sentía que necesitaba alejarme un kilómetro de ella.
- ¡Déjame en paz, entrometida!
- Ese no es mi nombre, soy Minami Sonia, puedes decirme Sonia –su radiante sonrisa me dejó sin aliento, pero lo que más me ponía exhausto era tener que correr por toda la casa cual ratón perseguido por un gato, esperando que no saltara sobre mí como tal.
En aquellos momentos tenía puesto unos shorts azules y una playera sin mangas y con capucha blanca. Claro, cómo no usar aquél atuendo a disposición si era tan fácil detenerme –no solamente porque era un desastre para los deportes. Como lo esperado, agarró con fuerza la capucha de mi playera en un momento crucial logrando no simplemente atraparme, sino ahorcarme y hacer que terminara sentado en el piso. De todos modos me sentía una persona totalmente persistente esa mañana y decidí que no me dejaría tan fácil.
- ¿Puedes dejar de perseguirme? ¡Déjame en paz! –le exigí de malas maneras.
Comencé a gatear mientras ella tiraba de forma contraria y el proceso de quedarme sin aire termino en que desistiera de mis intentos y me tiré en el suelo con la cara tapada. Mi corazón latía con tanta fuerza y mi cara no me dejaba un respiro, habiendo pasado por todos los tonos existentes del rojo y el azul –en el momento donde mi aire había escaseado demasiado. Mi respiración era irregular y temía mucho de lo que pudiera hacerme, sin embargo lo único que noté, además de mi cara contra el frío suelo de madera de la cocina fue que algo me tocaba la cabeza.
- ¿Tetsu? ¿Estas muerto?
Levanté la mirada un poco y la vi arrodillada junto a mí y lo que picaba mi cabeza era un dedo suyo. Quedé mudo un momento, mientras una mezcla heterogénea entre timidez y enojo se apoderaba de mi como una fuerza conocida y familiar, pero al mismo tiempo totalmente descontrolada y hacía que volviera a esconder la cabeza.
- Por favor, déjame en paz –murmuré contra el suelo sin ganas de hacer nada, preso de la tensión en el ambiente que envolvía aquella sala, a sabiendas de su alarmante cercanía. Realmente no quería verla, ni escucharla, solo deseaba que desapareciera como por arte de magia. Solo quería que el suelo la tragara, o como último recurso, que me tragara a mí.
- Anda, no estés asustado, no voy a hacerte nada.
No respondí, yo ya le había hecho la petición pertinente y el hecho de que ella me hiciera caso o no corría pura y exclusivamente por su cuenta, por ello no sabía cuánto tiempo habría pasado en silencio ni cuánto rato debería quedarme acostado. Era una situación realmente extraña,  imaginaba que aquello sería la misma escena que si estuviese en un bosque, un oso me hubiese comenzado a perseguir y ahora estuviese haciéndome el muerto para que perdiera el interés en mí y buscara otra cosa qué hacer. Si, esa teatralidad en mi era realmente recurrente cuando cosas extrañas de ese tipo me ocurrían –nunca.
-Has cambiado mucho, estás más alto que yo. Y yo no te recordaba tan miedoso, parece que no haber crecido conmigo te volvió un debilucho… -rió. Me repugnó ¿Qué sabía ella de mí? – Tetsu, no te hagas el muerto. Ya conozco la táctica del oso –realmente no lo se, porque no estaba mirando pero imagino que se habría girado un poco o algo porque ahora el sonido de su voz me llegaba un poco más lejano- Me pregunto por qué tanta gente recurre a esa actuación cuando se encuentra conmigo…
- Probablemente porque eres una desquiciada –murmuré para mi mismo cerrando los ojos y exhalando.
Aquello liberó un poco mi tensión y me animé a descubrir la cabeza para encontrarme sin nadie. Poco a poco me animé a sentarme, siempre alerta, siempre despierto. Solo esperaba que no me diera un infarto apareciendo de golpe frente a mí como solían hacer en el instituto simplemente para molestarme. Crucé los brazos y miré un poco el suelo hasta que aparecieron sus pies descalzos. Me mordí el labio y fui subiendo la mirada poco a poco hasta tenerla frente a mi completamente, me señalaba con el mismo dedo que en un pasado había usado para comprobar mi vitalidad. ¡Era tan extraña! Creo que pasaron veinte segundos completos antes que su voz volviera a resonar –creo que incluso por toda la casa.
- Yuuna Tetsu, nos conocemos desde que tenemos cuatro años.
- Estás loca, yo no … -me la quedé mirando, porque era lógico que no tuviese recuerdos de esa edad. Era lógico, totalmente.
Cuando yo estaba cumpliendo los seis años de edad, mis padres –aficionados a los viajes, como ahora bien saben- decidieron que visitaríamos un lugar especial. Mientras íbamos por la carretera se había hecho de noche y una lluvia repentina había azotado el auto con ferocidad pero mi padre no había considerado aquellas, razones suficientes para detener nuestro trayecto y optar por nuestra seguridad. Todo eso le costó que destrozara el auto contra un árbol y que yo perdiera todos mis recuerdos de ese momento hacia atrás. Lo bueno es que no dejó secuelas pero nunca más pude recordar las cosas que había vivido en el pasado, fue como comenzar mi vida desde cero, todos los amigos que tenía al no recordarlos preferí ignorarlos. Según lo que me contaron mis padres cambié completamente mi personalidad, y puedo agregar que tengo una pequeña explicación para ello. Simplemente fui abrumado al ver tantas caras desconocidas, le hecho es que yo no era uno más y tenía que intentar recordarlos a todos hasta que me di por vencido y decidí no esforzarme más. Había perdido todas las esperanzas cuando el doctor había dicho que no había cambios en mi cuadro, era pequeño, pero no era tonto y cuando te dicen con todas las letras que no vas a recuperar la memoria por muchos estímulos que se recibieran, era que no.
De esa manera cambié completamente de ser un niño común, muy cálido y  amable a ser uno totalmente indiferente con la vida. Me fui amigando poco a poco con los libros ya que no demandaban absolutamente nada y podía permitírmelos hasta llegar a ser lo que era ahora. Bueno, yo.
Cuando me di cuenta ella estaba sentada junto a mí, sin rozarme, creo que había captado mensaje y decidió no molestarme.
- ¿Ahora me recuerdas? –la miré de reojo y sentí que sus palabras estaban impregnadas de resignada esperanza.
- No
- Me imaginé, intenté muchas veces acercarme a ti luego del accidente pero siempre te mostraste indiferente y reacio a escucharme, o mirarme. –se abrazó las rodillas y colocó la cabeza sobre ellas sin dejar de mirarme. Realmente no me sentía conmovido por sus palabras, yo no era empático con la gente, yo no podía comprenderla. Yo me sentía solo incluso en las habitaciones más abarrotadas de personas, tampoco intentaba socializar, solo los monosílabos correctos para informar y cortar las conversaciones a tiempo antes que se extendieran más de lo que deseaba.
- Si… si pudieras dejar de mirarme fijamente te lo agradecería –comenté apretando los labios, nuevamente con las mejillas coloradas. Aparté la mirada intentando pensar en otra cosa.
- Si me dices Sonia…
- No voy a llamarte Sonia, no te conozco.
- Tetsu…
- ¡No me llames Tetsu! –espeté inspirando aire y poniéndome de pie. La miré desde arriba desafiante.
- ¿Tetsunyan?
-¿Eh? ¡Deja de burlarte de mi! –le miré incrédulo ante tal ridículo sobrenombre.- De ninguna manera
- ¿Tsuki?
- ¡Deja de ponerme apodos! –estaba tan exasperado, ahora recordaba porqué no me gustaba la gente. De todos modos Tarumi siempre usaba nombres experimentales y tontos en mí.- Simplemente dime Tetsu-kun –ya estaba totalmente malhumorado y el resigno se apoderó de mi como una ola gigante. Moví la cabeza hacia los costados y proseguí a  sentarme en el sofá mientras cavilaba qué iba a hacer con ella.
- Bueno, Tetsu-kun, puedes llamarme Sonia-sama –la miré unos momentos, pensando que era una broma, pero veía que ella iba muy en serio.
- ¿Sama? ¿Tan vieja estas?
- Oye, que ya estoy  cursando el segundo año en la universidad –aparté la mirada, de lo contario había un alto grado de que los rayos que salían de sus ojos me dejaran en piedra cual medusa enfurecida.
- ¿Minami-san? –murmuré por lo bajo, pero una especie de gruñido animal proveniente de donde ella se situaba me llevó a la deducción de que no era el indicado. Ahora que lo pensaba debería ser bastante cuidadoso con ella.- Sonia-sensei –el gruñido se detuvo, pero la malas vibras continuaban ¡Qué demonios esperaba ella de mi! Seguí dándole vueltas al asunto hasta que otra vez tuve que ceder.- ¡De acuerdo! Sonia-Sempai ¿Está bien, es eso lo que querías?
- Nyaaaa, que mono. –yo, realmente no podía creer que aquella persona era mi sempai, pero… Se aproximaba a mi dando saltitos cual conejo, parecía tan emocionada con tal banalidad que me parecía muy extraño que pudiera siquiera haber entrado en una universidad.- Espero que nos llevemos bien en este año que queda
- ¿Año? ¿Qué, cuánto piensas quedarte? –le miré totalmente alarmado, más sorpresas. Realmente esa chica parecía una Caja de Pandora.
- ¿Eh? ¿Tu madre no te dijo? ¡Estaré aquí cuidando de ti todo el año mientras ellos se encargan de tu abuela!
En ese momento me sentí sobre un ring, en los últimos segundos de una pelea. El sudor corría por mi cara y mi espalda, estaba exhausto, agotado, deseoso de que el suplicio terminara… para estrellarme contra un K.O.

domingo, 2 de junio de 2013

Elenco de mi nuevo proyecto. Proyecto Japon; "Sin título"

En realidad lo nombre "Proyecto Japon" No, no es el nombre del relato xd Mas o menos aca abajo voy a poner los personajes que más influencia van a tener en lo que vayab escribiendo, esto podr{ia considerarse como spoiler, pero como estaba al pedo y no sabía qué hacer me dediqué a esto. La verdad que estuve buscando un rato largo actores y actrices que me sirvieran, si bien esta historia transcurre en Japón, los seleccionados fueron Coreanos xD En fin, acá les dejo la reseña de lso personajes.

Yuuna Tetsu
Actor: Ken'ichi Matsuyama
Reseña: Último año de preparatoria, próximamente en la universidad estudiando Licenciatura en Letras. Es un chico bastante introvertido, nervioso y algo apático. Le cuesta tener contacto con la gente, especialmente con las mujeres. (17 años)

Minami Sonia
Actriz: Lee Min Jung
Reseña: Antiguamente "cuidaba" de Tetsu cuando eran pequeños y ahora mientras sus padres están de luna de miel vuelve para cumplir su funsión de niñera. Estudia Ballet y el canto es su aficción. Está en segundo año de la universiadad. (19 años)

Okumura Haruka
Actor:  Lee Min Ho
Reseña: Compañero de clase de Tetsu, nunca presta atención a nada y siempre está volando en un universo paralelo. La música es su pasión, es un flojo por excelencia. (18 años)

Tarumi Momo

Actriz: Honda Tsubasa
Reseña: Así como Haruka es compañera de clase de Tetsu. Se enamora constantemente y siempre está en su nube de amor, actualmente está intentando llamar la atención de Haruka. Es muy dulce y amable, lo que desconcierta a Tetsu y hace que la evite todo el tiempo con lo cual se pone sensible. Es una llorona. (17 años)

Tarumi Koharu
Actriz: Shimazaki Haruka
Reseña: Prima hermana de Momo, va al  mismo instituto que todos pero está en primero de preparatoria. Suele ser exactamente igual a su prima ya que sigue sus pasos y solo tiene ojos para Tetsu aunque él no se dé cuenta. Siempre guarda una distancia prudente de él, es super tímida. (14 años)

Ayane Fuuka
Actriz: Hashimoto Ai
Reseña: Compañera de curso de Tetsu, es la presidenta del comité de estudiantes. Muy buena en los estudios y los deportes, se podría decir que es la predilecta de los profesores. Muy callada, no le agrada la gente y usualmente se ve envuelta en los problemas que ocaciona Sonia ya que son amigas de la infancia. (18 años)


Sin título

Último año en la preparatoria, luego de esos dos semestres sería libre de elegir lo que quisiera estudiar y no me vería obligado a hacer sociales con nadie, de hecho, nunca tuve que hacerlo pero el respeto siempre pareció algo fundamental en las bases de la vida en Japón y como integrante de aquella patria, no puedo ser la excepción a la regla. Soy un aficionado a los libros desde que tengo memoria y nunca encontré otro placer que no fuese perderme entre sus páginas. El tiempo fluía de otro modo, de manera que yo no tenía mucha noción de su trayecto y hacía que mis días fueran a penas simples parpadeos entre luna y luna. Amanecer habiendo terminado un libro empezado la noche anterior era una costumbre y hasta podría decir que un ritual para mí. Me llevan a otras dimensiones, las historias son mi mundo alterno, donde puedo escapar a mi realidad y sé que no soy el único pero cada cual lo siente a su manera. Supongo que es una mejor salida que beber o fumar, pero créanlo o no, se vuelve una adicción. Soy una persona totalmente introvertida, no me gusta la gente en general pero las situaciones me superan cuando se trata de mujeres. No pienso relatar mis penosas experiencias que afirmaron mi confinamiento en mi cuarto junto a mis únicos amigos de papel e historias infinitas.
No tenía hermanos ni hermanas, pero aún vivía con mis padres hasta que llegara la graduación y así poder ser tal vez un poco más independiente y seguir la carrera de Licenciatura en Letras. Era mi vocación, estaba totalmente enfrascado en aquella decisión que más tarde ese año debería tomar y estaba totalmente seguro que no me arrepentiría.
- Tetsu, estaremos fuera de Osaka durante un tiempo –sonrió mi madre mientras yo veía las maletas sobre la cama con aires de indiferencia. Pero, de hecho, estaba bastante intrigado a dónde iban y porqué.- Estaremos de segunda luna de miel –su risilla inundó un momento la habitación y quedé mirando a mi madre un poco atónito. La verdad nunca se me habría ocurrido tal cosa, pero lo dejé pasar y asentí.
 - De acuerdo
 - Cuídate cariño…-sonó la bocina del coche fuera de casa donde mi padre estaba esperando para irse, me asomé por la ventana entrecerrando los ojos, realmente parecía que querían largarse de ahí cuanto antes.- ¡Ya voy! –gritó mi madre tomando una maleta- Ayúdame, Tetsu.
 - ¿Por cuánto tiempo se irán? –pregunté mientras seguía escaleras abajo a mi madre cargando la maleta más grande. ¿Pensaban dejarme por mucho tiempo? Está bien que yo era bastante cuidadoso, limpio y sabía cocinar –no era la gran cosa pero al menos podría mantenerme vivo hasta que llegaran.
 - Seis meses –comentó con voz cantarina, tan feliz y tan aguda que podría haber roto mis tímpanos. Me la quedé mirando a la vez que pegaba un grito de protesta.
 - ¡No te parece mucho tiempo para dejar solo a tu hijo! –me quejé sin poder creerlo, de hecho. Mi madre puso una cara que no supe descifrar para nada y se subió al auto al mismo tiempo que yo cerraba el baúl del coche.
 - Adiós, pásatela bien y estudia mucho! –fue lo último que escuché de ellos. Mi madre se asomaba por la ventanilla y saludaba, radiante de felicidad. Rayos, bueno, ahora podría ver qué se sentía vivir completamente solo.
 Entré a la casa y suspiré, tendría que pensar en las cosas positivas que podría hacer. Leer. Leer mucho, tal vez sacar libros de la biblioteca de la escuela, caminé por el pasillo hasta el living mientras repetía en mi cabeza los títulos de todos aquellos libros que me hubiese gustado leer y nunca había tenido la oportunidad. Ya sea por el tiempo, el estudio o simplemente porque había comenzado con otros libros. Me recosté sobre el sofá y pasé el brazo sobre mis ojos, nunca había escuchado tal tranquilidad, no una tranquilidad que se prolongaría por meses, una tranquilidad que a la larga me haría sentirme solo y hasta se puede decir que deprimido. Fruncí un poco el ceño, no, imposible, si estaría con mis libros no había chance que sucediera nada parecido, yo podría evadir toda aquella situación enfrascándome con cualquiera de ellos y así el tiempo pasaría tan rápido como una flecha. Por eso no debía preocuparme sino por la cena de esa noche, y absolutamente todas las comidas que debería prepararme yo solo.
Tuve tanta suerte que logré cortarme con uno de los cuchillos favoritos de mi madre intentando rebanar un pepino, en la tele no dieron nada interesante, por lo cual cuando estuvo todo perfectamente ordenado y luego de haberme dado una ducha larga de agua caliente, terminé acostado en mi cama leyendo Dansu dansu dansu de Murakami Haruki hasta quedar dormido. Estaba tan confuso, posiblemente por la temática del libro de ficción.
Esa noche soñé, soñé con un peso aplastante que oprimía mi pecho como si fuese una nostalgia, varios recuerdos de mi pasado también formaban parte de esa presión y una dulce melodía acompañaba todo aquello. Intentaba reconocerla, pero parecía casi imposible. La visión de un dragón celeste que pasaba junto a mí como una exhalación me hizo creer que estaba dentro de alguna de las tantas historias por las que había pasado y que hacía una pequeña visita a ese mundo, me vi rodeado de agua, pero sin ahogarme, sino que respirando en ella y sintiendo su suave mecer. Toda aquella presión que posiblemente hubiese sido un resabio del sentimiento que mis padres me dejaron al irse había desaparecido como si nunca hubiese estado ahí y solamente escuchaba esa bella poesía con un ritmo tan tranquilo que hacía que todo mi cuerpo se estremeciera de pura paz.
 - ¡TETSU!
Un grito rompió aquella utópica felicidad en la que me sentía envuelto, empapado y a la que intentaba aferrarme con todo mi ser, en vano. Abrí los ojos, la melodía se había disuelto en el aire, el sol de la mañana quemaba mis ojos y me impedía ver. Busqué desesperadamente con mis ojos la fuente de aquél escándalo y mi cuerpo se quedó helado al ver aquella criatura.
 - ¡Tetsu, al fin despiertas! –su expresión me causó una sensación incómoda ¿Estaba enojada? – Intenté despertarte por todos los medios, tienes el sueño bastante pesado, eh? –y al instante había cambiado por una sonrisa. Yo… no entendía nada, qué hacía esa chica ahí, quién era y por sobre todas las cosas ¡Estaba tocando mis libros! Un escalofrío me recorrió el cuerpo cuando comencé a atacar cabos sueltos. Mi madre había sonreído de una manera tan extraña e indescifrable cuando se fueron ¿Tenía que ver esa mujer que tenía en frente con aquella expresión?
 Tragué saliva y comencé a devanarme los sesos ¿Había sido esa persona la opresión en mi pecho? ¿Había ella interpretado tan bella melodía? Cuando mis ojos se adaptaron a la luminosidad la observé detenidamente.
 - ¿Por qué no hablas? –su pregunta fue más una exigencia. Sus ojos eran color caramelo oscuro y su cabello tan negro como la noche. Lo que más me sorprendió fue que era tan largo, lacio y sedoso que cubrían sus hombros y espalda como una capa, un manto de la noche a su disposición.
 - Eh… -mi cara fue adquiriendo un color rojo violento ¡Una mujer, una mujer en mi habitación, tocando mis cosas! - ¿Qu-quién eres?
Aquello que fue una pregunta tan normal, tan casual, tan incauta e ingenua fue tomada por puro insulto y con lo que me encontré fue con una lluvia de libros que caía sobre mí como mensajeros del señor. Me cubrí con las sabanas y mis brazos sin poder creer toda aquella situación, tanto me estaba odiando esta chica por no saber quién rayos era. Yo no tenía la culpa que mi madre me ocultara cosas y decidiera repentinos viajes para dejarme solo.
- ¿Cómo que no recuerdas quién soy? ¡Qué cruel eres! ¡Muere! –y no se detuvo hasta que quedé enterrado y mortificado. Las mujeres eran muy crueles, yo no tenía la culpa de nada y siempre se me recriminaba absolutamente todo. El peso estridente de todos esos libros fue removido y luego las sábanas corrieron la misma suerte.
 - Realmente no sé quién eres ¿Mi madre tiene que ver con esto? –abrí mucho los ojos y corrí lo más lejos que pude hasta la otra punta de mi habitación hasta quedar arrinconado. Sin entender, confuso, intentando que todo aquello cobrara algún tipo de sentido oculto.
- ¡Mi nombre es Minami Sonia y soy tu niñera!

viernes, 31 de mayo de 2013

Frozen Murders, recien sacadito del horno!


 ATENCION: SI NO TE GUSTA EL GORE, NO LEAS ESTO.

Sexta Parte

Aquella podría haber sido la más exagerada de todas las reacciones que Emily pudiera haber imaginado. Tan carente de sentido, de ese sentido común que Scott tenía para todos los ámbitos y situaciones, de hecho todo pasó muy rápido y apenas tuvo tiempo de pensar porqué ocurría aquello. Le pareció gracioso el hecho de que él no pudiese optar por quedarse también o enfocarse en alguna otra meta, pero no, sus objetivos siempre debían ser alcanzados sin objeciones y con el plan anteriormente realizado. El que fuese una persona totalmente esquematizada en algunos aspectos ahora estaba suponiendo un pequeño problema en su vida. En realidad ella creía que podía controlar todo, pero ahora que lo notaba estaba saliendo de su poder y control. El muchacho que siempre había sido mucho más grande que ella se había convertido en una bestia que podía aplastarla en un abrir y cerrar de ojos. Tan rápidamente con el batir de las alas del colibrí o la caída en picada de un halcón en busca de su presa. 

Scott White había dejado su yo reflexivo y compresivo detrás de una ola de rabia que desfiguraba no solo su rostro sino su carácter y su alma. Había sido un estallido tan grande de locura que hubiese dejado totalmente orgullosa a su prima actualmente internada en un manicomio por repetidas ocasiones como esa. Él no lo sabía pero compartía un atisbo de la enfermedad que se desarrollaba en su máximo esplendor en su prima y ahora lo estaba sacando a relucir. Sin palabras, sin gritos sin sonidos amenazadores. Su furia fue tan helada y silenciosa como una repentina nevada. Los platos anteriormente situados sobre la mesa pasaron a ser paisaje del suelo y sus manos que siempre habían sido tan delicadas con el cuello de su hermosa amada ahora se habían convertido en brutales y ávidas por el dolor. Ustedes pueden que piensen que aquello no tenía ciertamente un porqué, pero si se ponen a pensar, él tenía un gran porqué. No iba a permitir jamás que su objeto de adoración pasara por otras manos a sus espaldas, nunca podría considerar el hecho de no fuese solamente suya, sabía que no había sido el único pero planeaba ser el último.

Por otra parte su enfermedad, que solo necesitaba un pequeño empujón como ese, le llevó a un estado de euforia y éxtasis mientras aquella mariposa se retorcía entre sus manos e iba perdiendo cada rayo de vida. Él nunca había experimentado una sensación tal, se le hacía la boca agua, estaba fuera de sí. Emily dejó de resistirse a lo inminente y aceptó su muerte con tristeza y melancolía, sin poder comprender aquello. Ella nunca iba a entender la importancia de mantenerla en ese estado por siempre, ella nunca podría abarcar el pensamiento tan hiriente de tener que soportar estar tan lejos y con la duda. Por eso decidió que prefería todo eso al supuesto dolor que vendría luego, un dolor mental, un malestar que gradualmente se volvería físico por pasar tantos años en un paraíso de hielo. No puedo decir que Emily no se había inmutado mientras la asfixiaban, de hecho había derramado varias lágrimas mientras el miedo se instalaba en ella como último sentimiento. Scott había apretado con tanta fuerza… nunca había hecho tal cosa. En sus manos podía sentir el agua ligeramente tibia que había rodado por las mejillas de la chica, y pudo darse cuenta por la mirada que ya no estaba con él. Que ya había pasado a un mundo donde él no podía acceder ahora. Al que no se atrevía.

Mucha gente hubiese entrado en un estado de pánico absoluto al presentarse tal ocasión, mucha gente, sí, pero no él. No, cuando su furia desapareció y en su mente aún podía degustar aquella excitación que había hecho correr su adrenalina. Era una sensación nueva, utópica, perfecta, un sentimiento de nostalgia invadió su cuerpo al ver el cadáver de su novia. No arrepentimiento, eso nunca, sino, el recuerdo de alguna vez en que vio aquellas mejillas tan llenas de vida y ahora solo mostraban una blancura en proceso de calcificación. Se sentó nuevamente en la silla, se cruzó de piernas y contempló a la mujer en galas durante un rato indefinido.

Cuando estuvo lo bastante seguro de que era el momento de entrar nuevamente en acción le tomó un segundo decidirse, pero manteniendo aquella idea en la mente se propuso sentir otra vez ese éxtasis casi platónico. Manejó el cuerpo como si fuese una muñeca de trapo, depositándola sobre la mesa y tomando uno de los cuchillos con los que habían cenado. Como todo estaba en el suelo no hubo dificultad alguna para disponer de la superficie plana que le brindaba la mesa, cuando hundió, lo que ahora había pasado a ser su instrumento de cirugía, sangre caliente, hirviendo, comenzó a salir de la herida manchando ese vestido tan hermoso. Era una locura, pero uno no podía ignorar que se había vuelto loco de remate. Era sencillo el argumento que usaría luego y como no era más que un cínico empedernido, un reptil de sangre fría, no haría más que irse argumentando que Emily se había marchado también. Obviando el hecho de que no se delataría puesto que estaba en camino a un lugar totalmente aislado durante seis años, podría alegar que no sabía nada de la desaparición pero si de un supuesto viaje que ella haría.

Sonrió de lado satisfecho con aquellos pensamientos tan simples que no supondrían un gran esfuerzo exponer ante cualquiera que exigiera una respuesta sobre el paradero de la muchacha que ahora pertenecía a él por completo. Estaba satisfecho, de hecho bastante. ¡Lo último que sus ojos habían observado habían sido los de él, se había llevado su imagen para siempre, como último recuerdo, como los amantes eternos, como la necesidad de tener al otro presente por siempre! Se sintió un romántico por momentos mientras se llenaba las manos de sangre y extraía algunos órganos del interior de Emily. De su Emily, de su muñeca, de su propiedad, ahora aquél cuerpo era uno más de sus bienes, pero no cualquier bien. No, era su bien más preciado y perfecto que pudiese existir en un mundo tan corrupto y corrompido como en el que vivían. Se mordió los labios mientras depositaba todo dentro del bolso de la chica, le parecieron atractivos los guantes carmesí que portaba en ese instante, contempló su obra maestra. Mucho más magistral que cualquier pintura que ella podría haber pintado jamás.

-        -  Eres tan… hermosa –un susurro cansado, lastimero. Ahora toda aquella adrenalina se convertía en pesadez y una sensación de exhaustivo pesar. Se miró las manos, la volvió a mirar, sus sonrisas variaban de todos los matices posibles y habidos, pero la tristeza nunca llegó a su mente, a su corazón ni a sus facciones. Se había convertido en un ser tan frío como el más grande de todos los témpanos. No podía parar de apreciarla, incluso mucho más hermosa que en vida, ahora realmente quería llevársela y adorarla como en una ensoñación provocada por Morfeo. Estaba conmovido, nunca tanto como para considerar derramar una lágrima al ver tanta hermosura apilada. Decidió que aquellos integrantes que una vez habían estado dentro de ella serían sus trofeos y no tardaría nada en ponerlos en frascos en su bóveda. Suspiró por última vez y acomodó las manos de Emily sobre su estómago abierto de par en par, vacío, horrendo, violado, antinatural, como en un gesto de pura paz. Más nunca se le pasó por la cabeza cerrar aquellos bellos ojos que miraban a la nada con el maquillaje corrido. No, nunca podría hacerlo, aquello sería aceptar su verdadera muerte y no podía considerar tal cosa. Tomó una copa del suelo medio rota, medio sana y la llenó de vino. Simplemente se limitó a contemplar y beber, imaginando y cavilando si su sangre sería tan deliciosa, tan exquisita y tan exótica como creía.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Caín y Abel

 Y volví a escribir...

Sinceramente tenía la mente atrofiada, era verdad, estudiar aquello por muy poco que fuese hacía que su cerebro se friera lenta y tortuosamente por ello decidió que se daría un descanso. Unos cuantos descansos… Dormir tan mal como lo estaba haciendo tampoco le hacía gracia ni le ayudaba en nada, necesitaba estar bien descansada o las cosas que había estado releyendo durante tanto tiempo no se asentarían jamás en su cabeza como un burro que se niega testarudamente a entrar a un establo por voluntad propia. Movió su cabello castaño dorado hacia un lado y cerró los ojos, tantas personas se quedaban dormidas por esas casualidades de la vida en esa pose sobre la cama… tantas, tantísimas menos ella, era consciente, estaba consciente y no. La responsabilidad moral le ganaba de antemano, por ello abrió un ojo y leyó por enésima vez los conocimientos por si acaso algo decidía retenerse en su memoria durante mas de diez escasos e insignificantes segundos; Sin éxito.

Tocaron a la puerta. Con un gruñido dio la afirmación a su visitante y lo miró de mala gana. Su espectacular hermanastro le miraba desde el umbral de la entrada a su cuchitril desordenado –y déjenme agregar que estaba en cuero, realmente vale la pena mencionarlo- con una sonrisa de oreja a oreja mientras se secaba el cabello con una toalla.

- ¿Estudiando? –no había cosa más obvia para preguntar que esa. A veces se preguntaba si era imbécil o simplemente lo hacía para molestarla.
- De hecho, si, así que si no te importa, vete –solo le dirigió una mirada seca y no es porque realmente le caía bien sino porque no quería quedarse embobada admirando al Adán que tenía frente a ella y que ironía, sin ser hermanos pero siéndolo al mismo tiempo.
- Siempre tan alegre y dulce como siempre… -se burló el muchacho entre risas y la abandonó, dejando la puerta abierta a sabiendas que ella odiaba que hicieran eso. La muchacha se levantó y cerró de un portazo para luego devolverse a su lugar de origen de mala gana. Las sábanas de suave algodón le hacían querer recostarse y dormir por mucho, mucho tiempo sin que nadie interrumpiera su letargo cual Bella Durmiente. De hecho, ella consideraba que sería perfecta para ese papel.

Se mordió los labios y rodó en su cama pesando un momento en aquél chico, le llevaba tan solo dos años de edad, ella con 17 primaveras y él con sus respectivos 19 inviernos. No es que ella tuviese intenciones románticas… pero si, de hecho si, hacía cinco años que ya compartían casa con sus padres. Realmente le daba asco verlos besarse, era como que no hacían para nada una buena pareja, él era demasiado gordo y feo y ella demasiado joven y hermosa, la rubia no entendía qué cosa podría mantenerlos unidos de esa manera, qué cosa le interesaba a cada uno del otro. Parecía algo totalmente incompatible y hasta antinatural pero tenía bien en claro que los estereotipos de esos, su cabeza totalmente estereotipada, capitalista y consumista debería cambiar. Se daba asco a sí misma. Esperen ¿Había algo que no le causara repulsión en su vida? Si. Y volvemos. Volvemos al origen. A Caín. No, no es por hacer nuevamente alegoría a alguna metáfora de perfección relacionado con la biblia, es que realmente su hermanastro se llamaba así. Y ella como si fuese totalmente una jugarreta del destino se llamaba Abeline. ¿Curioso no? Es como cuando a las niñas se las llama Jackie y se les dice Jack. Pues, a ella le decían Abel. Y no, no quieren ni imaginar si esta historia realmente será como la de Caín y Abel, porque de ser así, aquél “amor” ¿En serio podría considerarse amor? Amor de hermanos… Solo hermanos. Hermanos. En fin, aquella relación no sería nada duradera, fuesen cónyuges, maestro-alumna, jefe-empleada, verdulero-vieja que barre la esquina. Aquello no podría tener un final feliz, sino uno engorroso y frustrante. Uno que no está escrito, uno que no está claro ni sé si será contado.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Sin Rumbo - Como terminó, volvió a empezar

Los pasos resonaban y hacían eco entre las casas, no había un alma ni un auto que indicara que ese lugar tuviese vida.Incluso las luces de las casas estaban apagadas, no sabía qué hora era, ni le interesaba, ella solamente caminaba en linea recata por el centro de la calle. La luna se alzaba a lo alto en el firmamento sobre su cabeza, algunas estrellas rebeldes destacaban pero ninguna se comparaba con el brillo pálido de la moneda de plata.


Ella estaba muy sola, sentía un vacío en el pecho, necesitaba encontrar a alguien, pero nadie aparecía. Incluso si miraba a los costados en los cruces de las calles. Lo único que la iluminaba eran las luces de los faroles. Podría haber pensado ser la única en aquél lugar, incluso en el mundo. Los grillos acompañaban las pisadas al compás y todo era muy tranquilo. Le asustaba, estaba terriblemente asustada. ¿Cómo podía ser que se encontrara tan sola, caminando, sin nadie con quien conversar? Incuso ella había pensado romper aquella armonía del silencio con su propia voz, pero pensó que desencajaría tanto que se asustaría más ¿Qué tal si salía ronca? Se dio cuenta que tenía sed.

Ahora, con sed, seguía su camino sin rumbo fijo. Era extraño, porque sentía la necesidad de seguir avanzando, como si la vida se le fuera en ello y algunas palabras resonaron en su mente "Camina, camina hasta que no puedas más y te sangren los pies. Y sigue caminando" Era tan solo un susurro, palabras vagas, palabras que casi carecían de significado para ella porque estaban dichas por su propia voz. ¡Movimiento! Sus ojos grises e inexpresivos captaron con rapidez algo blanco con manchas oscuras que se dejaba ver y salía de entre las sombras.

Cuatro patas. Una larga cola. Bigotes. Orejas. Un gato. Un simple gato que posó sus ojos en la chica y tras analizarla unos momentos, siguió con su camino perdiéndose al otro lado de la calle. Esos ojos le habían hecho entrar algo de curiosidad, brillantes, amarillos y muy grandes. Pero algo especial había en ellos, una inteligencia demasiado notables para ser de un simple gato... ¿Ella estaba pensando claramente? ¡Se trataba de un gato! Un felino, un animalito que no tenía nada que ver con ese extraño lugar y había desencajado tanto que le había parecido muy extraño. Pero era natural de todas formas. Es como si hubiese olvidado que esas criaturas existían.

No sabía cuánto tiempo hacía que caminaba. Es como si hubiese empezado un sueño, un sueño. Uno no sabe con certeza cuándo tiene comienzo un sueño, ni cuánto tiempo lleva soñando. Pueden ser horas, cuando parecen minutos. Así se sentía ella. Solo recordaba que estaba caminando.

Pasó un largo rato ¿O solo un par de segundos? La cuestión es que luego de aquello un maullido se escuchó por todo el lugar. Ella miró hacia los árboles, todos iguales y distintos, muy familiares para ella aunque le fuesen totalmente ajenos, como de una juventud pasada, de una vida pasada. Aquél sonido parecía un efecto tardío, como si la imagen hubiese sigo más rápida que el sonido. Suspiró y decidió restarle importancia, ella solo estaba concentrada en caminar. Y así lo hizo durante lo que le pareció un largo rato más. En su cabeza solo se enmarañaban y se formaban pensamientos erróneos que siempre llegaban a lo mismo: ¿Qué era ese lugar? ¿Por qué estaba ahí? ¿Hacia dónde se dirigía? Todas preguntas existenciales. Preguntas que no tenían una respuesta clara. Ella solo tenía na necesidad, porque sentía miedo, porque se sentía mal, porque sentía el corazón aflijido y necesitaba un remedio. Eso. Había salido a buscar un remedio para su nostalgia. Aunque no sabía dónde se suponía que lo encontraría.

¡Una pareja! ¿Una pareja? Si, eso era. Lo recordaba bien. Era cuando una mujer y un hombre iban caminando juntos, que hacían cosas juntos y que se querían. Sentían cariño por el otro. Ella no lo entendía, no había espacio en ninguna parte de su cuerpo para poder captar aquél sentimiento. Ellos iban caminando y se miraban el uno al otro con unos ojos extraños, el largo cabello rubio de la chica le llegaba hasta la cintura y sus ojos marrones eran muy grandes. El chico, portaba ojos verdes y su cabello también era de un rubio similar. Ella los siguió con la mirada mientras se acercaban frente a su cuerpo, si notarla. ¿Estarían demasiado distraídos para ver que iban directamente hacia ella? Lo peor de todo, es que intentaba decirles algo, pero no encontraba las palabras, era como si hubiese olvidado cómo hablar. Menos que menos, podía cambiar el rumbo de su trayectoria, tal parecía que se llevarían por delante a la niña. Tal vez no la habían visto por su altura, su escaso metro cuarenta y cinco.

Se acercaban más y más, hasta que simplemente, cuando ella se preparo para el impacto, cubriéndose la cara con los brazos, sintió algo muy extraño. Como que le faltaba el aire. Una vez había sentido algo igual cuando le habían pegado una patada en el estómago, doloroso, sin dudas. Pero la suerte es que duró menos de lo que había esperado. Cuando abrió los ojos ya no había nada. Ni gente molesta que le echaban una mirada furibunda o acusadora, ni personas que le preguntaban cómo se sentía y si estaba bien. Con mucha curiosidad y sorpresa se dió la vuelta y pudo ver a la misma pareja que seguía en la misma posición, mirándose el uno al otro y sin detener la marcha.

Casi inmediatamente a ello, miró hacia el frente, porque le había llamado la atención una fuerte luz y el sonido de una bocina. Comenzó a llover, pese que anteriormente no había nubes en el cielo y nunca había sentido la brisa en sus mejillas ni en su cabello castaño lacio. Parpadeó, todo iba muy lento. Un auto se dirigía a ella, pero, no se preocupó, sino que sonrió y siguió avanzando hacia él. Se había mojado completamente y sentía la ropa pesada, pero no detuvo su paso, sino que siguió más convencida, hasta que el coche pasó por encima de su cuerpo, ella había podido dejar de caminar. O eso pensaba. ¿Había podido? ¿Había podido al fin? ¿Había sido atravesada como cuando la pareja la atravesó? Solo se había encandilado y había sentido un dolor desgarrador en la cabeza y pecho. Luego, nada. El mismo miedo con el que había empezado. Abrió los ojos y vio de nuevo la misma calle, por donde ella caminaba sin parar.

Como había terminado su vida humana, es como volvía a empezar su vida como espíritu, viviendo la misma muerte infinitamente. Viendo al mismo gato, escuchando el mismo maullido, viendo a la misma pareja y los mismos árboles. Sin variar las casas ni el cielo. Y siempre con la misma muerte de la luz y la bocina del coche, con la lluvia.

A veces todo se torna un poco más oscuro, o simplemente aparecen personas que ya ha visto en otro lugar y siente familiares, pero ellas no la pueden ver. Ella ve a todos, pero nadie nota su presencia.

Dos Latidos y Pecados Rojos

Pffff - Popurrí

La verdad es que lo vengo pensando desde hace mucho. Y creo que vos ya sabes, con tu "intuicion" esa que posees, pero te haces el boludo y no decis nada. Ni siquiera yo se porque no aclaramos las cosas, pero creo que prefiero que este todo asi, como siempre, capaz que es mas divertido o menos tenso. En efecto, me parece boludo, pero bueno. Basta, basta Majo -.-"

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Cambiando de tema, hoy me desperte a las 4 de la tarde porque me dormi a las 5 de la mañana. Hasta las 8-9 de la noche todo lo que ingeri fue un vaso de yogurt de frutilla y despues cuando llego mi papa, fuimos al McDonalls. La cuestion es que fue un viaje de 15 min al pedo, porque se olvido la billetera, asiq ue tuvimos que volver, otro 15 y volver a salir hasta el McDonalls 15 min mas. Asi que bueno, nada, hoy fue un dia bastante corto para mi...

Y a lo que quería llegar, es que estuve pensando mientras veía la calle casi desierta del interior, que podría comenzar una historia, o al menos un nuevo cuento. Sería interesante, creo.


Dos Latidos y Pecados Rojos