No puedo evitar visitar de vez en cuando esta parte de mi vida, donde deje tantos años, donde siempre me quejé de mi falta de voluntad para seguir escribiendo, mi constancia... Es tan especial, es a quien le puedo contar todo, incondicionalmente, no importa ser la única, la última, porque así empezó y así supongo que terminará.
Tantas fantasias compartidas, y no terminadas, por supuesto.
Tantas faces diferentes de una misma persona... Este blog es un viaje a travez de mi mente, en retrospectiva, es muy nostalgico.
Espero haber sorprendido gratamente a quienes aún leen estas entradas o a quienes de casualidad se las encuentran, porque de mi parte así es.
PD: Por qué no, musicalizando la noche.
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sábado, 5 de mayo de 2018
martes, 15 de diciembre de 2009
Lo mejor, es un toque de imaginación VIII

Nunca en mi vida me había imaginado cómo iba a morir, es más yo pensaba que aún faltaba muchísimos años para eso, que mi vida sería feliz y plena. Bueno... soy humana ¿Qué puedo decir? Yo también me equivoco, cometo errores y todo eso, el caso es que ya comenzaba a hacerme a la idea de lo que me pasaría. Mi mente siempre había sido muy imaginativa, pero el tan solo hecho de pensar que algún día dejaría de respirar y mi corazón dejaría de latir me causaba escalofríos, un miedo irreconocible. Por lo cual, prefería dejar eso para mas adelante, en mis años de vejez. Ah, como comenzaba a añorar aquello que no viviría.
Mi respiración se había agitado, el bao que salía de mi boca me hacía recordar cuando era pequeña y jugaba a ser un tren. Sentí un dolor punzante en la espalda y un escalofrío relampagueó por mi columna vertebral. La hoja fría se había enterrado con más fuerza de lo que creía, traspasando la carne. Grité de dolor y caí al suelo al tensar el cuerpo. Su risa al escucharme me provocó cierto odio, lo tenía sobre mí ya que, deducía, se había lanzado y estaba segura que con bastante fuerza. De acuerdo ya no podía moverme ¿Ahora qué? Sin piedad y ningún tipo de delicadeza posó un pié junto al hacha sobre mi e hizo un esfuerzo para quitarla. Otro grito se escapó de entre mis labios.
- Veamos, qué tenemos aquí -Sentía el frío de la nieve contra mi rostro, la herida de mi espalda sangraba mucho y me dolía aún más. Me dio la vuelta con un pié, jadee agitada por la carrera anterior. Me miró con una expresión parecida al asco. Varias lágrimas rodaban por mis mejillas, estas pequeñas y tibias gotitas saladas me parecían más bien amargas. Su sonrisa se ensanchaba cada vez más.
- Adiós, princesita -levantó el arma, aguanté el aliento sin saber qué cosa iba a hacer y la dejó caer al mismo tiempo que yo cerraba los ojos.
Si lo que anteriormente había sido mucho dolor, ahora mismo prefería estar en el infierno. Comenzaba a perder la sensiblidad por el frío, pero él seguía incrustando el hacha en mi cuerpo una y otra vez, haciéndole gritar. Cada vez menos. Todo se hacía una tierna negrura, el ruido seco de esa cosa golpearse contra mi cuerpo cesaba igual que todo. Me estaba muriendo.
---------
La sangre se esparcía por todos lados, pero él seguía arremetiendo con fuerza y sin cansarse. Sus músculos bien fornidos le permitían destrozar el cuero de la chica con una facilidad placentera. Sus alaridos habían sido el broche de oro para su masacre, su lenta tortura. Su sed de sangre casi se había saciado. Él estaba feliz por el trabajo bien hecho. Miró con una sonrisa casi tierna el cuerpo de su novia y dejó el hacha tirada por ahí.
- Hermoso, hermoso -rió entre dientes y tomó del pelo a la muchacha para comenzar a arrastrarla, internándose en el bosque. El cielo estaba casi obscuro por completo pero eso no era problema para él, seguía tirando y tirando de su cuerpo hasta que llegaron a donde sería el eterno descanso de la joven. La fosa ya estaba hecha, tenía una bonita cruz gótica de piedra. La lanzó dentro y comenzó a taparla con nieve, él sabía que había sido menos cuidadoso, que había dejado un rastro de sangre y que hubiese sido mejor matarla en el cobertizo como a las demás, pero estaba preparado para lo que se viniese luego. Pocas personas conocían la localización de aquél campo y dudaba que alguien siquiera se le ocurriera buscar ahí, donde había sido su refugio y su matadero casi toda la vida.
Miró toda su obra ya cubierta y dejó dos flores silvestres que había encontrado por el camino, con la certeza de que se marchitarían aún incluso más rápido que la que solía hacerse llamar su novia.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Lo mejor, es un toque de imaginación VII

Gemí con nostalgia. Dolor, dolor, simplemente eso. ¿Cuantas veces me había preguntado lo que se sentiría el cortarse a uno mismo? ¿Cuantas veces había cavilado el dolor que se sentiría cuando te ponen los frenillos? ¿Cuantas veces había pensado en el dolor físico? Mas casi nunca en el mental, porque no había nada que lo causara. Cuando algo no nos pasa a veces ni reparamos en aquello. No es que me estuviese haciendo daño mentalmente aunque bueno en realidad si, porque aquello era casi un trastorno, ver al chico que hacía unos momentos era mi novio cargando un arma era realmente horrible. Bien, sabía que el dolor no era nada agradable, pero estaba segura que nada de las cosas mencionadas anteriormente se comparaban con esto, nada.
Lo miré con fijeza unos momentos y en cuanto estuvo lo suficientemente cerca, flexcioné la pierna sana para propinarle una buena patada en el tobillo, rezando porque al menos le afectara un poco. Bueno, agradecía tener puesta aquellas botas porque el tiempo en que tardó en doblarse para frotar su pierna fue suficiente para que yo me pusiera en pié y cogeara hasta la puerta.
- ¡Ah, maldita...! -si, era mucho mejor si no terminaba su frase, porque ahí si que volvía y seguía dándole de a patadas. Me volví una fracción de segundo, no es que me interesara, ni mucho menos, pero solo quería calcular el tiempo que me quedaba para poder salir de ese lugar. Ninguno, el ya estaba de pie y se lanzaba contra mi. Abrí la puerta de un tirón y me arrojé fuera de la caseta. Excelente, escuché el ruido de un bólido que se cae contra el suelo de madera. Si, sabía que había fallado. Comencé a ponerme en pié, pero su mano me tomó fuerte de la botamanga del pantalón. Yo creo que fue la adrenalina, pero juro que pude escuchar el rasgarse de la tela y sentir el frío helado de la nieve cuando me paré casi sin esfuerzo.
- ¡¿A donde vas?! ¡Vuelve! -demasiado tarde. Comencé a correr o al menos a intentarlo. Sus gritos no me convencían, sabía que venía a por mi. Pero la cosa es que no sabía porqué y eso era lo que mas afligida me tenía. Yo no le había hecho nada, no le era infiel, no lo trataba mal, no me burlaba de él. ¿Qué rayos hacía mal entonces? Eso era todo un misterio para mi, uno que no quería averiguar en esos momentos.
Agradecí el sentir el aire nuevo en mi rostro, el fétido olor había desaparecido, el ambiente cargado ya no estaba más. Ahora podía respirar la libertad, aunque fuese momentaneamente realmente podía saborearla. La herida ardía cada vez mas y la sangre se secaba con el frío, aunque demasiado lento para mi gusto. Sentía el liquido correr por mi pierna. Sentía temblores de frío por mi pantalón roto pero no me importó yo solo corrí como si no hubiese un mañana, tan rápido como mi pierna herida me lo permitía.
Claro, eso no era suficiente, no con sus expectativas fijas, no con su poder de perceverancia, no con tantos árboles dificultando mi camino, no cuando estaba en su territorio, no cuando tenía muy entendido que estaba lejos de todo, no cuando sabía que estaba respirando mis últimos alientos, no cuando la esperanza que había ganado al salir de ese covertizo se me escapaban de entre las manos con cada latido perdido de mi corazón. Si, sentía mucho miedo.
Lo miré con fijeza unos momentos y en cuanto estuvo lo suficientemente cerca, flexcioné la pierna sana para propinarle una buena patada en el tobillo, rezando porque al menos le afectara un poco. Bueno, agradecía tener puesta aquellas botas porque el tiempo en que tardó en doblarse para frotar su pierna fue suficiente para que yo me pusiera en pié y cogeara hasta la puerta.
- ¡Ah, maldita...! -si, era mucho mejor si no terminaba su frase, porque ahí si que volvía y seguía dándole de a patadas. Me volví una fracción de segundo, no es que me interesara, ni mucho menos, pero solo quería calcular el tiempo que me quedaba para poder salir de ese lugar. Ninguno, el ya estaba de pie y se lanzaba contra mi. Abrí la puerta de un tirón y me arrojé fuera de la caseta. Excelente, escuché el ruido de un bólido que se cae contra el suelo de madera. Si, sabía que había fallado. Comencé a ponerme en pié, pero su mano me tomó fuerte de la botamanga del pantalón. Yo creo que fue la adrenalina, pero juro que pude escuchar el rasgarse de la tela y sentir el frío helado de la nieve cuando me paré casi sin esfuerzo.
- ¡¿A donde vas?! ¡Vuelve! -demasiado tarde. Comencé a correr o al menos a intentarlo. Sus gritos no me convencían, sabía que venía a por mi. Pero la cosa es que no sabía porqué y eso era lo que mas afligida me tenía. Yo no le había hecho nada, no le era infiel, no lo trataba mal, no me burlaba de él. ¿Qué rayos hacía mal entonces? Eso era todo un misterio para mi, uno que no quería averiguar en esos momentos.
Agradecí el sentir el aire nuevo en mi rostro, el fétido olor había desaparecido, el ambiente cargado ya no estaba más. Ahora podía respirar la libertad, aunque fuese momentaneamente realmente podía saborearla. La herida ardía cada vez mas y la sangre se secaba con el frío, aunque demasiado lento para mi gusto. Sentía el liquido correr por mi pierna. Sentía temblores de frío por mi pantalón roto pero no me importó yo solo corrí como si no hubiese un mañana, tan rápido como mi pierna herida me lo permitía.
Claro, eso no era suficiente, no con sus expectativas fijas, no con su poder de perceverancia, no con tantos árboles dificultando mi camino, no cuando estaba en su territorio, no cuando tenía muy entendido que estaba lejos de todo, no cuando sabía que estaba respirando mis últimos alientos, no cuando la esperanza que había ganado al salir de ese covertizo se me escapaban de entre las manos con cada latido perdido de mi corazón. Si, sentía mucho miedo.
miércoles, 25 de noviembre de 2009
Lo mejor es un toque de imaginacion VI

Cerré los ojos con fuerza, deseando que aquello fuera solo un mal sueño que el olor se esfumara, sentir las suaves sábanas contra mi cuerpo, estar en paz con todo y todos, encontrarme en mi habitación. Pero claro, el soñar no cuesta nada, el desear algo era tan fácil como respirar pero ¿Qué es lo que verdaderamente deceamos? Muchas veces uno piensa en un deseo que tal vez no es, pero esta cien por ciento convencida. Bueno, esta vez, en ese momento de mi vida tan culminante, era mi caso. Quería, deseaba, anhelaba, necesitaba salir de ahí y lo ansiaba con todo el ser y sabía que ese tal vez podría ser un verdadero deseo.
Abrí los ojos y lo que me pareció años fueron segundos. Volví a fijarme en la mancha de la pared, a contemplarla con asco, no podía creer que eso estuviera ahí cuando debía estar dentro del cuerpo, recorriendo nuestras venas como normalmente sería. El corazón palpitaba fuerte contra mi pecho, su sonrisa ya no me gustaba, me incomodaba, el aroma no ayudaba nada. Estaba paralizada, clavada en el suelo, no me podía mover, por mas que quisiera correr o golpearlo o lo que sea no podía, no tenía fuerza.
- ¿Qué pasa? ¿Porqué estás tan callada? -ese tono de voz, volví la vista al objeto que tenía en la mano derecha que se balanceaba de una forma amenazadora. Se percató de lo que observaba y la miró también.
- ¿Te gusta? Hoy va a ser de utilidad -aseguró sonriendo casi amable. ¿Cómo podía ser que lo quería tanto? Dio un par de pasos hacia mi con despreocupación, la madera rechinaba con su peso, yo seguía congelada. Levantó el hacha y abrí mucho los ojos. Adrenalina. Me tiré a un lado chocando con algunas herramientas y frunciendo los labios por el olor.
- ¿A dónde vas? -sonrió divertido- Qué traviesa -volvió a cargar con el arma y me arrastré por el suelo, pero claro, no fui lo suficientemente rápida y esta se clavó en la parte inferior de mi pierna. Grité de dolor. Mierda. Ya sentía ese odio irracional que ocurría automáticamente cuando alguien me lastimaba fuese de la manera que fuera. Rió otra vez, dios, si no dejaba de hacer eso le golpearía. La rabia y el miedo no eran sentimientos compatibles o tal vez sí, porque era justamente lo que sentía en ese momento. Quitó el hachote y apreté los dientes, para ahogar un grito.
- Uy ¿Te duele? -se mofó. ¿Pero quién era? ¿Cómo es que había cambiado tanto de carácter? ¿En realidad se trataba de la misma persona que era mi novio hacía tan solo un rato? Miré otra pared que estaba cerca de mi y vi que había muchos recortes de algo, no alcanzaba a leer demasiado pero el enunciado rezaba así:
Joven asesinada, ningún sospechoso, ninguna huella ¿Acaso fue un fantasma?
Grité otra vez de dolor y me giré a verlo, sus ojos ya no mostraban aquella expresión de amor y yo simplemente no podía creerlo.
Abrí los ojos y lo que me pareció años fueron segundos. Volví a fijarme en la mancha de la pared, a contemplarla con asco, no podía creer que eso estuviera ahí cuando debía estar dentro del cuerpo, recorriendo nuestras venas como normalmente sería. El corazón palpitaba fuerte contra mi pecho, su sonrisa ya no me gustaba, me incomodaba, el aroma no ayudaba nada. Estaba paralizada, clavada en el suelo, no me podía mover, por mas que quisiera correr o golpearlo o lo que sea no podía, no tenía fuerza.
- ¿Qué pasa? ¿Porqué estás tan callada? -ese tono de voz, volví la vista al objeto que tenía en la mano derecha que se balanceaba de una forma amenazadora. Se percató de lo que observaba y la miró también.
- ¿Te gusta? Hoy va a ser de utilidad -aseguró sonriendo casi amable. ¿Cómo podía ser que lo quería tanto? Dio un par de pasos hacia mi con despreocupación, la madera rechinaba con su peso, yo seguía congelada. Levantó el hacha y abrí mucho los ojos. Adrenalina. Me tiré a un lado chocando con algunas herramientas y frunciendo los labios por el olor.
- ¿A dónde vas? -sonrió divertido- Qué traviesa -volvió a cargar con el arma y me arrastré por el suelo, pero claro, no fui lo suficientemente rápida y esta se clavó en la parte inferior de mi pierna. Grité de dolor. Mierda. Ya sentía ese odio irracional que ocurría automáticamente cuando alguien me lastimaba fuese de la manera que fuera. Rió otra vez, dios, si no dejaba de hacer eso le golpearía. La rabia y el miedo no eran sentimientos compatibles o tal vez sí, porque era justamente lo que sentía en ese momento. Quitó el hachote y apreté los dientes, para ahogar un grito.
- Uy ¿Te duele? -se mofó. ¿Pero quién era? ¿Cómo es que había cambiado tanto de carácter? ¿En realidad se trataba de la misma persona que era mi novio hacía tan solo un rato? Miré otra pared que estaba cerca de mi y vi que había muchos recortes de algo, no alcanzaba a leer demasiado pero el enunciado rezaba así:
Joven asesinada, ningún sospechoso, ninguna huella ¿Acaso fue un fantasma?
Grité otra vez de dolor y me giré a verlo, sus ojos ya no mostraban aquella expresión de amor y yo simplemente no podía creerlo.
lunes, 23 de noviembre de 2009
Lo mejor, es un toque de imaginación V

En mi vida había vivido cosas distintas, algunas un tanto perturvadoras como aquella vez que vi a mi abuela saliendo del baño completamente desnuda. De acuerdo, eso no tiene que ver con nada, pero al menos debía mencionarlo. La cuestión es que yo no tenía miedo, en realidad, solo temía a cosas muy puntuales, no era una persona miedosa, por así decirlo. Solo tenía pánico a las alturas y por alguna extraña razón a los cuervos, me daban unos tremendos escalofríos y sabían que eran pájaros de mal agüero. En mi caso, debería haberles prestado atención cuando los vi en la entrada a este campo donde nos encontrábamos.
Me fijé en los detalles del cobertizo, era bastante grande, había herramientas por todas partes, estaba desacomodado y tenía un olor prutrefacto que daba asco. Fruncí el ceño sin entender nada, porque ¿Qué sentido tenía estar ahí con mi novio en la noche? Comenzaba a sentir una nueva molestia en el estómago, nauceas. Si, el aroma no era agradable en absoluto pero aquella sensación debía guardármela para después. Algo dentro de mi cabeza, aquél instinto que todos tenemos, ese al que muy de vez en cuando hacemos caso, ese, me indicó que debía alejarme de ahí, de él, de todo.
Su risa me hizo volverme y parpadear varias veces medio desconsertada. Toda aquella parte de la pared y la puerta estaba manchada, pero no me creía que fuera eso, no eso, era todo una broma de mal gusto. Su rostro seguía tan apacible como siempre. Entreabrí los labios unos momentos, inspiré aire por la boca para no sentir el perfume aquel que reinaba y cargaba el ambiente.
- ¿Esto es una broma? -murmuré con voz ahogada, no sabía porqué tenía ese tono, me parecía todo muy extraño. Siempre había creído que por muchas sorpresas que tuviese en la vida, jamás pasaría por algo que verdaderamente fuera memorable, pero estaba segura que ese momento si lo sería. Lo que más me dejó pasmada fue su negación, un sutil movimiento de la cabeza para infundirme un terrible pánico tan irracional como el amor que sentía por él.
- No, esta es mi sorpresa, mi última sorpresa... -¿Última? ¿Ya no habría mas sorpresas? ¿Me iba a dejar? No, no podía ser tan ingenua de pensar aquellas estupideces, de no darme cuenta. Mi respiración se agitó recordándome a las películas de miedo que solía ver con él. Volví a echar una ojeada al lugar ¿Qué iba hacer ahora? No sabía sus intenciones, no tenía idea de nada hasta que la vi, en ese momento comprendí todo.
domingo, 22 de noviembre de 2009
Lo mejor, es un toque de imaginación IV

Yo era fanática de esas sorpresas, adoraba que me consintieran con todo tipo de chucherías sin sentido siempre y cuando fuesen originales. Y claro, ¿A quién no? Bueno, también existe esa gente que prefiere las cosas útiles que pueden usar cotidianamente y que les hace falta, pero eso no era un regalo para mi, los verdaderos regalos son cosas lindas, que significan mucho para uno. Puede ser desde algo personal hasta algo totalmente absurdo, como muchas de las cosas que guardaba en mi cuarto desde hacía varios años, pero estaba segura no podría vivir con el alma en paz sin ellas. Ahora, imaginensé, si a mi me gustaban los regalos, cómo sería con una sorpresa. Si, sería algo descontrolado por mi humor explosivo.
Caminar, caminar, caminar. No hacíamos más que eso y a mi se me estaban entumeciendo las manos, y tenía frío pero seguía adelante con esa ilusión que me hacía el no saber nada y el dar por sobreentendido que confiaba en el ciegamente, literal y figurativamente.
Inspiré aire y exhalé lentamente en un gran suspiro, varias veces intenté otra vez el sonsacarle información por todos los medios que me eran posibles cuando estaba incapacitada pero siempre fallaba, me preguntaba de dónde rayos sacaba esa fuerza de voluntad para negarme todo lo relativo a lo que estaría a punto de ver. Si alguna vez sentía un dolor físico por algo tan estúpido como la gran curiosidad que tenía, ese era el momento. El trayecto también había sido silencioso porque siempre que abría la boca era para protestar del frío, o de preguntar si faltaba mucho, o laguna cosa relacionada pero él siempre me acaballa, como en el auto. Si, definitivamente me moriría. Varias veces había pensado en lanzarme al suelo y hacer algún que otro berrinche, pero no me permitiría hacer eso, no con él, no en ese momento tan culminante. Estaba mucho más que segura que cuando todo acabara le daría de golpes o besos hasta que se cansara, aunque sabía que eso era imposible por el hecho de que no tenía mucha fuerza y él ya me había dicho un millón de veces cuánto disfrutaba que lo besara.
Se detuvo y yo seguí de largo, dándome de llano con algo, algo duro, frío ¿Nieve? No, muy blanda ¿Concreto? Posiblemente. Me jaló hacia atrás con una risita divertida y besó mi frente, la cual froté un poco adolorida. Escuché un rechinido ¿Una puerta? Sentí esa emoción embargarme de pies a cabeza, la adrenalina recorriendo mi estómago como si estuviera en la cima de una montaña rusa a segundos de bajar. Entramos, pero aún no me quitaba la venda, seguía todo en un maldito suspenso.
Un portazo, un chasquido. Gemí, sintiendo el corazón contra las costillas. Me quité la venda y contemplé el lugar. ¿Qué rayos era esto?
jueves, 19 de noviembre de 2009
Lo mejor, es un toque de imaginación III

El silencio es considerado parte de la música, siempre lo creí algo para disfrutar, algo que da paz, algo para reflexionar. Te brinda la posibilidad de concentrarte en lo que sea. Algunas veces es agradable estar en silencio con las personas con las que te sientes cómoda, pero por otra parte con él se puede tensar el ambiente de tal manera que cualquier pequeño sonido que lo rompa es una catástrofe. Algunos son de duda, vacilación, algo peligroso y da mucho que pensar, a veces cosas equivocadas. Por suerte este no era nuestro caso y estábamos a gusto.
Se había oscurecido totalmente e íbamos por una carretera desierta, me mataba la curiosidad, ya había intentado varias veces pero solo conseguía que él me sonriera y presionara dulcemente sus labios contra los mios en un vano intento por tranquilizar mi creciente impaciencia.
Mordí mis labios medio aburrida sin despegar los ojos de la ventanilla, ya había contado mas de quinientos ochenta árboles y docientas casas hasta que dobló en una entrada de madera que estaba cerrada. Miré con interés el edificio que se veía desde mi posición. Era antigua y estaba cubierta de nieve, por completo casi parecía invisible. La noche era cerrada y solo las farolas del coche iluminaban un poco aquél lugar el cual no conocía. Tomé el móvil y lo apagué, porque la verdad era que no me interesaban las posibles llamadas desesperadas, a esta altura del día ya calcularían que me había escapado y sinceramente no me importaba en lo mas mínimo. Una nueva ola de aire frío alborotó mi cabello cuando él volvió a entrar al auto. Guardé el móvil en mi chaqueta y miré al frente, sonriente y emocionada, sin apartar los ojos de aquella intrigante casa que se veía a la distancia.
Lo miré de reojo, también estaba sonriente. Seguimos por el camino que estaba echo y cubierto de nieve, al igual que estaba todo ahí.
Aparcó el auto a un lado y se giró para verme. Alcé las cejas medio sorprendida, no me lo esperaba, no sabía cuál sería su próximo movimiento así que esperé a que dijese algo.
- A ver -sacó un pañuelo de color negro y me vendó los ojos. Eso fue algo que disparó mi corazón, parecía el batir de las alas de un colibrí.
- ¿Qué vamos a hacer? -murmuré emocionada por demás. Su risa fue música para mis oídos, una música exquisita, deliciosa.
- Solo deja guiarte -asentí, calculaba que me llevaría dentro de la casa, que abría alguna sorpresa, seguía sin poder imaginarme nada y ahora, sin ver nada. Ya con el pañuelo atado y cubriendo mis ojos, me ayudó a salir del auto y comenzó a caminar en alguna dirección. Aquella sonrisa estúpida no se borraba de mi rostro y me preguntaba si se vería demasiado penosa. Algo de todo eso me pareció extraño ¿Cuanto se tardaba en llegar a una casa que estaba justo a un lado? Estábamos caminando mucho más.
viernes, 13 de noviembre de 2009
Lo mejor, es un toque de imaginación II

Uno se pregunta si en verdad encontrará el amor algún día, si aquella persona que esperamos vendrá hacia nosotros con los brazos extendidos y nos hará pasar marivillosos momentos con la idea de no abandonarnos y de quedarse con nosotros cada segundo, cada minuto. Si, cegados por el amor, atontados, adictos el uno al otro en la misma nube, sin poder quitarnos de la mente. Esa sería la pareja perfecta, una donde solo se ven las virtudes, una donde no importa qué hora sea siempre tienen ganas de verse el uno del otro, no se sienten sofocados, no piensan en otra cosa. Todo, hasta un simple suspiro parece mágico e increíble. Lástima que eso no existía, o al menos aún no lo había vivido.
Sus brazos me rodearon y caímos al suelo. El aire escapó de mis pulmones durante unos segundos, pero luego pude recobrar el aliento. A decir verdad, eso me sorprendió un poco, había sido mas rápido de lo que esperaba, nunca había tenido una buena condición física y era de agitarme con facilidad, me costaba recuperarme. Reímos como tontos en un tono bajo ya que la idea no era que nos encontraran tumbados sobre la nieve. Observé sus ojos unos momentos, buscando algo en lo más profundo de aquel tono azul marino que me intrigaba y atrapaba tanto que a veces me era imposible apartar la mirada.
- ¿Estás bien? -comentó divertido. Sonreí, su voz era normal, no había bebido y eso me ponía tremendamente feliz. EL hecho de que estuviese sobrio era de por sí una buena señal. Me preguntaba qué haríamos hoy, siempre cosas nuevas, la verdad es que no recordaba una salida que hubiese sido igual a otra. Todas distintas.
- Claro ¿Qué haremos? -murmuré en un tono meloso, de aquél que no sabes de qué íntimo rincón de tu cabeza proviene, pero que está ahí y da la cara.
- Primero, levantarnos, luego ya verás -otra ves esa sonrisa enigmática adornaba su rostro. Sonreí abiertamente y me puse en pié con su ayuda. Mientras hechaba un vistazo por los alrededores él me quitaba la nieve que se había pegado a mi cuerpo con suaves palmadas. Me tomó de la mano e hizo que comenzara a caminar.
El bosque no era algo ajeno a mi, no solo por el hecho de ser hija de padres adinerados viviría en una mansión en New York, eso no era lo mio. A mi me encantaba vivir donde vivía y no me imaginaba en otro lugar, ese era mi lugar. Por lo cual, todo habitante conoce bien su pueblo o ciudad o donde sea que estuviesen y yo no era la excepción.
No caminamos mucho tiempo, lo suficiente para darme cuenta que estábamos llendo hasta su coche. La trayecto hacia el vehículo había sido en silencio, yo no era una chica que le gustara charlar ni mucho menos, tampoco era de esas que salían a fiestas o discotecas. Mas bien, era de esas tranquilas que preferían quedarse en casa viendo películas o leyendo un buen libro.
Subimos al coche y no puedo negar que aquél detalle caballeroso de abrirme la puerta me encantaba. Volví a observarlo y recorrer sus fracciones con la mirada, cariñoso tomó una mano y la apretó con suavidad. Sus dedos estaban fríos, podía sentirlo incluso a través de sus guantes. Puse aquella cara de niña pequeña, la cual desbordaba dulzura y hasta yo misma consideraba un arma mortal, por eso me limitaba a usarla en momentos y para cosas que de verdad me importasen
- ¿Dónde vamos? -repetí con los ojos clavados en los suyos. Otra vez esa risita sofocada de su parte logró que aquellos nervios se acentuaran en mi estómago. Negó con la cabeza ¿Qué significaba eso? ¿Me diría? ¿Era eso una broma y nos quedaríamos en casa?
- Que impaciente, cuando lleguemos sabrás -besó mi mano y sentí un pequeño escalofrío al notar el contraste de temperaturas. Sus labios cálidos contra mis manos frías, de acuerdo, tendría que haberme abrigado un poco mas, lo reconocía y ahora comenzaba a arrepentirme de no haber tomado un abrigo. Miré por la ventana mientras él ponía el motor en marcha y hacía avanzar el auto. El día se estaba oscureciendo poco a poco y predecía que pronto se haría de noche ¿Las niñeras notarían mi fuga?
miércoles, 11 de noviembre de 2009
Lo mejor, es un toque de imaginación.

¿Cuantas veces quisiste salir de la rutina diaria y ser otra persona o simplemente te sentás a esperar que algo nuevo y emosionante pase? Yo muchas veces, aunque tengo que admitir que mi vida esta llena de altibajos. Siempre soné con ocupar el lugar de otra persona, saber qué siente, qué vive, cómo piensa, sus amistades, su familia, sus problemas. Y eso, es causa de envidia hacia otro el cual ves que su vida es perfecta, o al menos a tus ojos.
Suspiré lentamente mientras cerraba la notebook y miraba los dibujos que había en su tapa. Ese era mi propio diceño, recordaba que mi padre me había dejado dibujarlo en su computadora y luego lo había hecho con un plotter. Todo era mejor cuando era mas pequeña, papa estaba mas tiempo conmigo, ahora no lo veo por meses cuando se va al exterior de país y me deja con mis "niñeras". Sinceramente son buenas chicas pero demasiado pesadas, siempre andan tras de mi, controlando cada paso que doy. En realidad es frustrante que te traten como una niña de cinco años, soy una adolescente y necesito mi libertad. Pero me sentía como un pájaro en una jaula.
Me eché hacia atrás y dejé descansar el cuerpo un rato con los ojos cerrados. Necesitaba un cambio pero ya y no sabía el qué hacer porque estaba segura que no me dejarían salir.
Un golpe en la ventana.
Giré el rostro, lo curioso era que yo tenia mi habitación hasta el segundo piso y nadie llegaba hasta ahí sin la ayuda de una escalera. Dejé la notebook a un lado y me acerqué con lentitud hasta el lugar de procendencia. No se veía nada con el bao, así que pase la mano sobre el cristal para quitarlo y poder ver hacia el exterior. Era invierno y todo estaba nevado, amaba esos días. Sonreí al ver quien era y heché un vistazo a la puerta de mi habitación. Si, tenía le seguro puesto. Sonreí medio malvada, hacía mucho tiempo que no hacía una cosa como esa. La última vez lo recordaba a la perfección.
- ¡Shh! -fruncí el ceño. Ahogué sus risas con mis manos mientras con una mano él tomaba mi cintura, en la otra se encontraba una botella de Vodka. Siempre había odiado que fuese un alcohólico pero no podía hacer mucho al respecto, siempre se aparecía con una de esas.
- Vamos, que hace frió -murmuró. La nieve se arremolinaba a nuestro alrededor y yo no podía estar mas de acuerdo. No podía dejar de pensar que eso hubiese resultado romántico si él no estuviese en ese estado. Asentí y comenzamos a caminar abrazados. Siempre tenía una sorpresa para mi y nunca sabía a donde me llevaría no podía imaginármelo. Él era tan impredecible, me encantaba la incertidumbre que me provocaba con esa sonrisa enigmática.
Otro golpesito.
Abrí la ventana y le sonreí abiertamente. Siempre pensaba en aquella primera vez, en aquél comienzo tan disparatado. Me senté en el marco, ya tenía práctica con esto además de que nunca había tomado un miedo irracional por las alturas y eso era una ventaja para mi. Caminé medio agazapada por el techo hasta el borde del mismo. Me cercioré de que él me esperara con los brazos abiertos y me dejé caer. Ahora solo faltaba que me atrapara.
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